Esta fórmula de felicitación ; uno había ganado dos talentos, y otro había ganado cinco; pero la felicitación fue la misma. Lo que Dios mira, no es si fueron dos, o si fueron cinco, sino que el que tenía cinco, ganó otros cinco, o sea duplicó, aprovechó todo lo suyo, aprovechó todo lo que tenía; y el que tenía dos, ganó otros dos, aprovechó todo lo que tenía.
Mientras tanto, el que había recibido un solo talento, eso es como si no hubiera recibido nada; dígase que ese hombre que recibió un solo talento lo enterró en la tierra, lo metió en la tierra, ¿y cuál era su propósito? Sacarlo de la tierra y devolvérselo al señor ¿Qué sacó? ¡Nada!
Primera enseñanza, a Dios no le importa la cantidad de mi trabajo, sino la calidad de mi trabajo. El que había ganado cinco talentos recibió la misma felicitación, que el que había ganado dos talentos, luego, a Dios no le importa el número de talentos.
De cinco talentos que tenemos conseguimos otros cinco, si fueron veinte, que consigas otros veinte; Significa ¡todo!, todo tu ser; esa es la calidad que Él.
Muchos de nosotros no conocemos los talentos que tenemos; la condición es que nosotros empecemos por reconocer que Dios nos ama; Dios nos ama así como somos.
Eso no significa que Dios no vaya a transformarnos; Dios empieza por aceptarnos, lo que nosotros vamos hacer es orar para aprender a aceptarnos, para aprender a querernos, poder decirle a Dios: “Señor, tú me amas, tú me aceptas a mí”.
“Señor, yo quiero aprender a aceptarme como soy; tú me aceptas ; quiero, Señor, valorar los talentos que tú me has dado, quiero aprovechar esos talentos así” van a florecer los talentos, realmente florecer en Él, tener las puertas abiertas a los talentos que Dios nos regala, y poner a trabajar todos esos talentos para su gloria, para su honra, para su honor.
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