En la misión Dios es el socio principal . Toda lo que se asuma en Misión vivirá el amor fraterno, es decir, la solidaridad de una manera más completa, ya que estará anclado en un sentido de Trascendencia. Si sólo lo anclamos en los seres humanos, rápidamente nos sentiremos defraudados y desistiremos de continuar adelante. Si entendemos que Dios está y es en cada uno de nosotros, la ayuda hacia los demás cobra un sentido diferente .
La misión exige la vivencia diaria y enriquecedora de las propias convicciones cristianas y la donación personal amorosa al otro, sea éste miembro de la familia o en lo cotidiano. Esta conciencia de ser-para-los-demás redundará en el beneficio de todos los que participan en un proyecto y que tienen fines comunes ya que a través del amor que la persona se realiza, al ser el amor el acto supremo de la voluntad.
El amor fraterno es la actitud esencial que debe gobernar para la reducción de las desigualdades y la realización personal y familiar. Los graves problemas de ruptura familiares y sociales encuentran su raíz profunda en la falta de amor.
Miles de acciones se realizan a diario dentro de instituciones ,familiares etc, Acciones de interrelación personal que pueden quedarse en un simple "satisfago una necesidad a través de ti". Algunas de estas acciones son la reciprocidad e intercambio: la información, el diálogo, la participación como la búsqueda del bien del otro, con el fin de que el otro quiera también mi bien. Ya con ello, la institución mejora su ambiente laboral y la proactividad de sus integrantes, con repercusiones importantes en la familia y en la paz social.
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