sábado, 10 de agosto de 2013

Gracia

 
Jesús no quiere que nosotros nos enredemos tanto con las cosas de este mundo, que estemos como adormecidos por los placeres o las ocupaciones de esta tierra.
Porque si estamos así adormecidos, demasiado envueltos, demasiado atrapados por las cosas, los intereses, los negocios y los placeres de este mundo, entonces no vamos a tener el corazón despierto para recibir su visita.
Las vistas de Él son muchas: la vista que Él nos hace cuando nos predica, la visita que Él nos hace cuando envía sus Ángeles, la visita que Él nos hace cuando hace descender su Espíritu, que entra profundamente en nuestros corazones, la visita que Él nos hace, finalmente, cuando morimos, la visita que Él le hará a la historia humana cuando llegue en final de los tiempos.
Son muchas las visitas inesperadas de su gracia, de su amor, y Jesús quiere que estemos atentos a esas visitas; pero si uno está demasiado distraído en las vanidades y negocios de esta tierra, es posible que se pierda la visita de Jesús. Ese es como el sentido más obvio.
Pero hay un segundo sentido que es bonito. Jesús dice: "Estad preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre" San Lucas 12,40. Si recordamos el propio proceso de conversión, podemos decir que, efectivamente, Dios llegó a la hora menos pensada.
Bendito Jesús cuando nos quita cosas que nos impeden mirarlo a Él, encontrarlo a É
l, amarlo a Él.

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