sábado, 31 de agosto de 2013

Sobre


“El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres” San Lucas 4,18. Este anuncio de gracia, de salvación; esta buena noticia para los pobres, alcanza más allá de las fronteras de la muerte.
“Para Dios todos están vivos” San Mateo 22,32.
Santo Tomás: “Tener vida para nosotros, los seres humanos, es lo mismo que tener tiempo, y por eso mientras hay vida, es posible reformar la existencia.

Hay cosas que no hay que aclararlas, sino dejarlas. La caridad; en primer lugar, la caridad de Jesucristo; ese acto maravilloso que San Pablo describe en la Carta a los Tesalonicenses, ese acto por el cual Cristo volverá por los suyos, incluso los ya difuntos; ese acto maravilloso de Cristo, antes de todo, es un acto de amor, un acto de caridad.

Decimos cada cosa que se elige supone una pequeña o una gran muerte. La muerte no está sólo al final; nosotros a medida que pasa el tiempo, vamos dejando una estela de muertos, una cantidad de posibilidades que no hemos escogido.
La muerte va acompañando nuestra vida; Cristo lo sabe, Cristo viene a rescatarnos de la muerte; no sólo de la muerte de la del final para resucitarnos y llevarnos gloriosos a su reino; no solo de la muerte final.
Dios nos rescata por Jesucristo, su Hijo, de las muertes de cada día; es decir, Dios va realizando su Pascua en cada instante; es decir, Dios va viviendo con nosotros su misterio, para que esa selecciones, esas escogencias que vamos haciendo en cada momento, sean precisamente las que van hacia el sendero de la eternidad, y de la vida, y no las que van hacia las tinieblas y el abismo.
 Cristo nos rescata de la muerte última, Cristo nos redime de las muertes del camino, este acto es fundamentalmente un acto de la piedad amorosa de Cristo, por el cual Él se abaja con nosotros, se hace peregrino con nosotros, y nos va rescatando.
“El Espíritu del Señor está sobre mí, y me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres” San Lucas 4,18; la condición humana, dentro de las criaturas racionales, es tal vez la más pobre de todas.
Nosotros sólo tenemos un instante de vida; un instante que se va moviendo; nosotros sólo tenemos un punto de luz, un punto que va atravesando eso que llamamos tiempo; nosotros, que tenemos sólo ese punto peregrino, sólo esa rendija móvil de luz, a nosotros nos acompaña la gracia de Cristo con amor.

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