viernes, 2 de agosto de 2013

Maestra

Esta doctrina manifiesta ante todo la continuidad de una enseƱanza que se fundamenta en los valores universales que derivan de la Revelación y de la naturaleza humana. Por tal motivo, la doctrina social no depende de las diversas culturas, de las diferentes ideologĆ­as, de las distintas opiniones: es una enseƱanza constante, que « se mantiene idĆ©ntica en su inspiración de fondo, en sus “principios de reflexión”, en sus fundamentales “directrices de acción”, sobre todo, en su unión vital con el Evangelio del SeƱor ».[Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 3: AAS 80 (1988) 515] En este nĆŗcleo portante y permanente, la doctrina social de la Iglesia recorre la historia sin sufrir sus condicionamientos, ni correr el riesgo de la disolución.
Por otra parte, en su constante atención a la historia, dejĆ”ndose interpelar por los eventos que en ella se producen, la doctrina social de la Iglesia manifiesta una capacidad de renovación continua. La firmeza en los principios no la convierte en un sistema rĆ­gido de enseƱanzas, es, mĆ”s bien, un Magisterio en condiciones de abrirse a las cosas nuevas, sin diluirse en ellas: [Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 72: AAS 79 (1987) 585-586] una enseƱanza « sometida a las necesarias y oportunas adaptaciones sugeridas por la variación de las condiciones históricas asĆ­ como por el constante flujo de los acontecimientos en que se mueve la vida de los hombres y de las sociedades ».[Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 3: AAS 80 (1988) 515]
86 La doctrina social de la Iglesia se presenta como un « taller » siempre abierto, en el que la verdad perenne penetra y permea la novedad contingente, trazando caminos de justicia y de paz. La fe no pretende aprisionar en un esquema cerrado la cambiante realidad socio-polĆ­tica.[Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 46: AAS 83 (1991) 850-851] MĆ”s bien es verdad lo contrario: la fe es fermento de novedad y creatividad. La enseƱanza que de ella continuamente surge « se desarrolla por medio de la reflexión madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de renovación ».[Pablo VI, Carta ap. Octogesima adveniens, 42: AAS 63 (1971) 431]
Madre y Maestra, la Iglesia no se encierra ni se retrae en sí misma, sino que continuamente se manifiesta, tiende y se dirige hacia el hombre, cuyo destino de salvación es su razón de ser. La Iglesia es entre los hombres el icono viviente del Buen Pastor, que busca y encuentra al hombre allí donde estÔ, en la condición existencial e histórica de su vida. Es ahí donde la Iglesia lo encuentra con el Evangelio, mensaje de liberación y de reconciliación, de justicia

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