Por otra parte, en su constante atención a la historia, dejĆ”ndose interpelar por los eventos que en ella se producen, la doctrina social de la Iglesia manifiesta una capacidad de renovación continua. La firmeza en los principios no la convierte en un sistema rĆgido de enseƱanzas, es, mĆ”s bien, un Magisterio en condiciones de abrirse a las cosas nuevas, sin diluirse en ellas: [Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 72: AAS 79 (1987) 585-586] una enseƱanza « sometida a las necesarias y oportunas adaptaciones sugeridas por la variación de las condiciones históricas asĆ como por el constante flujo de los acontecimientos en que se mueve la vida de los hombres y de las sociedades ».[Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 3: AAS 80 (1988) 515]
86 La doctrina social de la Iglesia se presenta como un « taller » siempre abierto, en el que la verdad perenne penetra y permea la novedad contingente, trazando caminos de justicia y de paz. La fe no pretende aprisionar en un esquema cerrado la cambiante realidad socio-polĆtica.[Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 46: AAS 83 (1991) 850-851] MĆ”s bien es verdad lo contrario: la fe es fermento de novedad y creatividad. La enseƱanza que de ella continuamente surge « se desarrolla por medio de la reflexión madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de renovación ».[Pablo VI, Carta ap. Octogesima adveniens, 42: AAS 63 (1971) 431]
Madre y Maestra, la Iglesia no se encierra ni se retrae en sà misma, sino que continuamente se manifiesta, tiende y se dirige hacia el hombre, cuyo destino de salvación es su razón de ser. La Iglesia es entre los hombres el icono viviente del Buen Pastor, que busca y encuentra al hombre allà donde estÔ, en la condición existencial e histórica de su vida. Es ahà donde la Iglesia lo encuentra con el Evangelio, mensaje de liberación y de reconciliación, de justicia
No hay comentarios:
Publicar un comentario