“Iesus Hominum Salvator” (IHS). Cualquiera de vosotros podría decirme: "¡lo sabemos muy bien!" Pero este lema nos recuerda constantemente una realidad que no debemos olvidar nunca: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros, compañía “de Jesús” para indicar el punto de referencia, nos pone de frente a nuestro Señor Jesucristo, a nuestro Creador y Salvador . Y esto nos a toda la Compañía a ser “descentrados”, a tener siempre delante a “Cristo siempre mayor”, el " Deus semper maior ", el "intimior intimo meo", que nos lleva continuamente fuera de nosotros mismo, nos lleva a una cierta kenosis, a "salir del propio amor, querer e intereses". ¿Es Cristo el centro de mi vida? ¿Pongo realmente a Cristo en el centro de mi vida? Moisés repite con insistencia al pueblo amar al Señor, caminar por sus vías, "porque es Él tu vida" ( Dt 30, 16.20). ¡Cristo es nuestra vida! A la centralidad de Cristo corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no pueden separarse: yo no puedo seguir a Cristo si no en la Iglesia y con la Iglesia. Y también estamos por decirlo así “desplazados”, estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia, la Esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra Santa Madre Iglesia. Ser hombres radicados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de búsqueda, caminos creativos, sí, es importante; ir hacia las periferias. Para esto es necesaria creatividad, pero siempre en comunidad, en la Iglesia, con esta pertenencia que nos da la valentía de ir adelante. Servir a Cristo es amar esta Iglesia concreta y servirla con generosidad y espíritu de obediencia.
lunes, 5 de agosto de 2013
Ieesus Hominum Salvator
“Iesus Hominum Salvator” (IHS). Cualquiera de vosotros podría decirme: "¡lo sabemos muy bien!" Pero este lema nos recuerda constantemente una realidad que no debemos olvidar nunca: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros, compañía “de Jesús” para indicar el punto de referencia, nos pone de frente a nuestro Señor Jesucristo, a nuestro Creador y Salvador . Y esto nos a toda la Compañía a ser “descentrados”, a tener siempre delante a “Cristo siempre mayor”, el " Deus semper maior ", el "intimior intimo meo", que nos lleva continuamente fuera de nosotros mismo, nos lleva a una cierta kenosis, a "salir del propio amor, querer e intereses". ¿Es Cristo el centro de mi vida? ¿Pongo realmente a Cristo en el centro de mi vida? Moisés repite con insistencia al pueblo amar al Señor, caminar por sus vías, "porque es Él tu vida" ( Dt 30, 16.20). ¡Cristo es nuestra vida! A la centralidad de Cristo corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no pueden separarse: yo no puedo seguir a Cristo si no en la Iglesia y con la Iglesia. Y también estamos por decirlo así “desplazados”, estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia, la Esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra Santa Madre Iglesia. Ser hombres radicados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de búsqueda, caminos creativos, sí, es importante; ir hacia las periferias. Para esto es necesaria creatividad, pero siempre en comunidad, en la Iglesia, con esta pertenencia que nos da la valentía de ir adelante. Servir a Cristo es amar esta Iglesia concreta y servirla con generosidad y espíritu de obediencia.
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