Se trata, pues, de un texto, que en cierto modo descalifica la misión de los reyes. En la Sagrada Escritura se encuentran textos a favor y textos en contra de que haya reyes.
Por una parte, esa desconfianza sobre los abusos que podían cometer, y que de hecho cometieron muchos reyes; o como esa sensación de que será lo más inútil del pueblo lo que haga lo más inútil para el pueblo. ¡Y ésos van a ser los reyes!
Esta es como la corriente antirrealista, contraria a la realeza, contraria al rey. Hay, en cambio, otra corriente que es favorable al rey, o a que haya reyes, y que tiene el principal exponente de esta realeza en el rey David, y luego en Jesucristo como Rey.
De modo que si uno lee la Sagrada Escritura, uno puede encontrar textos a favor y en contra de que haya reyes. Lo importante, entonces, parece que no es si hay reyes o si no hay reyes.
Lo interesante es, que si hay un rey, éste se sepa siervo de Dios, que no resulte tan rey que destrone a Dios. Y si no hay rey, pues, que cada uno se sepa y se reconozca gobernado por Dios, miembro del pueblo de Dios.
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