viernes, 2 de agosto de 2013

Oyes

Oyes una palabra de Dios, y sales obediente tras la Palabra que te envió. Esta palabra enviada no es sólo la palabra de un hombre: es el Hijo único del Padre, hecho carne en ti y de ti. (...).

¿Qué hay de urgente para tener tanta prisa? El Padre amó tanto al mundo que le ha dado a través tuyo a Su Hijo, la Sabiduría Eterna.

La humanidad ha deseado tanto ese don de Dios que tiene prisa de alabarte a ti, Madre del Salvador. Para no hacer esperar ni a Dios ni al hombre, te pones en camino con paso presuroso. Vas con prisa porque el amor te colma de alegría. Corres, llevada por Quien en ti llevas, nueva Eva, deseosa de ofrecer al mundo el fruto bendito de tu vientre.

Te marchas, niña inmaculada sorprendida por el mal y llena de compasión, por los caminos que conducen a los pueblos del hombre, te marchas, abriendo, como siempre lo haces, el paso a tu Hijo. Por los caminos del viejo mundo que espera su primavera - la que tú llevas y que nacerá de ti - te vas, tú, la Mujer anunciada, más joven que el viejo mundo del pecado. Por nuestros difíciles caminos escarpados, hostiles y peligrosos, llegas al corazón de nuestros problemas, para revelarnos el sueño de Dios, nuestro sueño se ha realizado en ti, maravilla de la verdadera humanidad.

Santa María, tennos muy presente para que las dificultades de la ruta no nos impidan responder a la llamada del prójimo. Haz que cantemos el canto que invadía tu corazón mientras recorrías los caminos y colinas de tu tierra.

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