De manera que Lorenzo estaba predicando en medio de las llamas, estaba uniéndose a Cristo Hostia, y estaba revelando el misterio de su participación en la Pascua del Señor, allí, en medio de los dolores.
Dice también Lorenzo en ese momento, que da gracias a Dios. Esta ha sido una constante en los mártires. Sin duda es la muerte en sí misma más deseable para nosotros, los cristianos.
Porque si nosotros repasamos las vidas de los Santos, hay penitentes que son héroes de la ascética, vírgenes purísimas, doctores llenos de luz, obispos celosos del rebaño. Bueno, ¡cuántos géneros de santidad tiene la Iglesia!
Sin embargo, cuando se estaba muriendo uno de estos monjes del desierto, hombre dedicado a la penitencia y a la oración, años, y años, los que estaban ahí cerca, otros ermitaños, le vieron postrado. De pronto hizo un gesto de temor ante la certeza de que se iba a morir, y uno de los jóvenes que estaba iniciando ese camino del desierto y de la penitencia, vio a este monje temblar de miedo ante la muerte. Como ellos eran así, desbaratados para hablar, todos estos monjes del desierto, entonces le preguntó: "Abbá, ¿tú también tiemblas ante la muerte?" Siempre se trataban así, de papá: "Abbá, ¿tú también tiemblas ante la muerte?"
Y el otro anciano, que llevaba no sé cuántos años de oraciones y penitencias, dice: "Mi conciencia nada me reprocha, pero quién sabe las palabras de Cristo".
Y así podríamos dar ejemplo de muchos otros Santos. En cambio, los mártires, esos sí son un grupo aparte. Recordemos el caso de Pablo Miki y sus compañeros. Ellos fueron crucificados allá en el Japón. Estaban puestos en serie, uno junto al otro en sus cruces. Y de pronto, uno le dijo al otro, recordando el momento de la Pasión de Cristo: "Hoy vas a estar en el Paraíso" San Lucas 23,43.
Uno hizo de Cristo para el otro: "Hoy vas a estar en el Paraíso" San Lucas 23,43. Y ese otro, torturado, deshecho, demacrado, con las manos sujetas al leño, tuvo todavía fuerzas para levantar sus manos, para moverlas hacia el cielo, para sonreír de gozo, para expresar con júbilo que sí iba para el Cielo.
Es lo mismo que dice Lorenzo: "Hoy me has agregado al Reino de los Cielos", le dice a Cristo. Y recordemos al primero de los mártires, Esteban: "Veo los Cielos abiertos, y a Jesucristo" Hechos de los Apóstoles 7,56.
Los Cielos se abrieron para él; en medio de una lluvia de piedras, los cielos se le abrieron a Esteban. "Señor Jesús, recibe mi espíritu" Hechos de los Apóstoles 7,59, y dice también: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado" Hechos de los Apóstoles 7,60.
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