jueves, 1 de agosto de 2013

Volver

En  levítico cada cincuenta años las cosas tenían que volver a su forma original, es decir, el que había comprado una tierra, la devolvía al que la había vendido y todos se devolvían todas las cosas, de manera que se volvía, con esa legislación, al estado primitivo, es decir, a la tierra como Dios se la había dado a Josué, a la repartición original de las tierras.
 “Ay de aquellos que van juntando campos y campos y campos hasta quedar ellos solos en el país" Isaías 5,8.
O sea que esta ley no se cumplió, lamentablemente, como muchas otras leyes, en los israelitas y fuera de los israelitas, esto no se cumplió, porque la gente de todas maneras iba haciendo negocios y se iba adueñando del país, de manera que la enseñanza que nosotros podemos sacar de ahí no es lo que en realidad pasó, sino que lo que debemos preguntarnos es: ¿qué era lo que Dios quería con esa ley tan extraña?
Ese año que aquí esta traducción llama “jubilar” es lo mismo que el año sabático y esto viene de la palabra sábado que significa descanso.
La idea es que si una persona tuvo un grave problema, una catástrofe económica y se quedó en la calle y tuvo que vender su poquita tierra y tuvo que venderse como esclavo, luego llegaría un momento de justicia y un momento de descanso.
De manera que esta era una ley muy sabia porque era una ley para defender al pobre, es una ley para defender a las personas cuando tienen graves problemas, cuando tienen graves estrecheces económicas y se quedan en la calle, claro que como en la época no había calle.
Esta era una ley que hacía que nosotros recordáramos que todo lo que uno tiene en esta tierra, lo tiene como administrador.
Esta ley estaba para cada cincuenta años. En la Biblia, el tiempo de una generación es de cuarenta años. Fíjate por ejemplo que cuando los israelitas pecaron en el desierto, Dios dice: “Esta generación no va entrar” Números 14-30, y por eso la peregrinación por el desierto duró cuarenta años como indicando: en cuarenta años ya se murieron todos los de esa generación.
Es una ley, entonces, para que nadie se considere demasiado dueño de las cosas, estamos de paso en esta tierra. Como se dijo, es una ley para recordarles a los israelitas que ya llegaba la tierra prometida, que aunque esa fuera su tierra prometida, en el fondo seguía siendo tierra de peregrinación porque también ahí, un día tenían que entregar sus cosas.
Esa ley era maravillosa porque esa ley está pronunciada en el nombre del Señor, como se repite varias veces, "el Señor es tu Dios" Levítico 25,17. O sea que lo que intenta recordar no es solamente que nosotros no somos los dueños, sino que el verdadero dueño de todas las cosas es Dios.
Según el pensamiento de Dios, la tierra y todos los dones de la tierra, minerales, vegetales, animales; la tierra y todos sus dones, alcanzan para todo el mundo, ese es el pensamiento de Dios. El pensamiento de los hombres es: los dones no van a alcanzar, conclusión: que no haya gente.
Dios en su misericordia realiza una obra semejante en la Eucaristía, los bienes de la Eucaristía alcanzan para todos. Dios hace como una multiplicación de su gracia y de sus bienes para todos en la Eucaristía.

La gracia de Dios, el amor de Dios crece, y cuanto más se gasta, más se multiplica.








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