domingo, 25 de agosto de 2013

Enseñanza

Cuando Jesús dice qué es lo más importante y qué es lo que habría que practicar, lo dice no solamente para ellos, lo dice para todos; por eso debemos aprovechar estas preciosas enseñanzas de Jesucristo.
Lo más importante de la Ley es el derecho, la compasión y la sinceridad; y nos dice también que hay que limpiar la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.
Estas enseñanzas nos resultan útiles a nosotros , porque son palabras sólidas de Jesucristo y que nos muestran qué es lo que era esencial para Él.
Hagamos, con la ayuda de Dios, una consideración sobre qué es eso de "limpiar la copa por dentro para que quede limpia también por fuera" San Mateo 23,26.
Limpiar por dentro, significa ser; dedícate a ser y parecerás; así podríamos sintetizar esta enseñanza. Dedícate a ser justo, a ser humilde, a ser orante, a ser verdadero, lo demás, lo que aparezca, aparecerá a su debido tiempo, pero tú dedícate a ser. Esto en cuanto a lo de la copa.
Jesús había dicho antes:"Lo más grave de la Ley, grave en el sentido de importante, es el derecho, la compasión y la sinceridad.
Encontraremos en estas tres palabras todo un ideal de vida. El derecho, el orden de la justicia; la compasión, el orden de la misericordia; la sinceridad, el orden de la verdad. Un corazón en orden, un corazón ordenado por la justicia, un corazón donde lo primero tiene el primer puesto. Queremos un corazón así; ya esto solo, es como un espejo de perfección.
Un corazón en orden por la justicia, pero ese orden de la justicia, que ya es débil, hay que añadirle el otro orden, el de la misericordia; y el orden de la misericordia consiste en que ese primer puesto me lo da no solamente lo que me enseñe mi razón, sino aquel a quien Dios mira en primer lugar, al más necesitado.
Si el orden de la justicia me impone mi vida de acuerdo con la razón, el orden de la misericordia pone mi vida de acuerdo con el corazón de Dios, con aquello que está primero en el corazón de Dios, porque Dios en toda la Sagrada Escritura no cesó de mostrar una y otra y otra vez, que para Él está en primer lugar el más débil, el más adolorido, el enfermo.
Al orden de la misericordia hay que añadirle el orden de la verdad; ese orden de la verdad es el que hace que no sólo me parezca, sino que sea como transparente. Una cosa es verdadera cuando sólo muestra lo que es.
Si yo soy plenamente justo y misericordioso, sólo lo podré ser en Dios y por Dios, y esta sinceridad significa en realidad, fundir nuestra vida y nuestro ser en Dios Nuestro Señor.

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