jueves, 22 de agosto de 2013

cCoronada


 “Una mujer coronada de estrellas” Apocalipsis 12,1,Y en el capítulo XII del Apocalipsis.
María sea Reina. Ella tiene una voluntad, La realeza de la Santísima Virgen supone que su voluntad se realiza en el Universo, lo más hermoso, también lo más profundo y también lo más difícil de decir en palabras humanas, Con la ayuda de Dios, con la unción de su Espíritu, a quien me encomiendo.
La Santísima Virgen María es el universo nuevo. “Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo en María”; “se hizo a sí mismo en María”; en María recomienza el Universo, ese es un modo de decirlo.
Mira, Jesús al final del evangelio de Marcos dice: “Id y predicad el Evangelio a toda la creación” San Marcos 16,15; San Francisco de Asís le predicaba, por ejemplo, a los pajaritos, y se recuerda siempre con mucho cariño el famoso milagro del “sermón a los pájaros”.
Iban de camino con algunos frailes, de pronto pararon en un claro del bosque, y Francisco, con esa sencillez, ese candor y ese carisma extraordinario, empieza a llamar a los pájaros para que escuchen la predicación; y entonces, llegan bandadas de pájaros y se posan en los árboles y se ponen a escuchar al predicador Francisco de Asís.
Francisco habla, entonces, de las grandezas de Dios, de lo importante que es cantar bien para el Señor, de todo lo que significa, en ellos, como belleza y alabanza en la creación. Termina el sermón, les da la bendición y entonces los pajaritos se van. Típicamente franciscano!¡Hermosamente franciscano! Hay que predicar a toda la creación.
Si el pecado ha destruido el corazón humano, no es sólo el corazón humano el que se ha dañado,  el ser humano es como el administrador de esta finca, que se llama el universo; si el administrador anda mal, la finca anda mal, porque la finca sólo puede sólo puede volverse hacia Dios, sólo puede ser alabanza al Creador, en los labios, en el corazón, en la bendición del ser humano.
La creación entera entonces está destruida, esto lo dice San Pablo, en el capítulo octavo de Romanos.  María es una imagen realizada, es como el sacramento de la gracia, la Santísima Virgen María; es que en Ella, Dios puede hacer el Universo como quería hacerlo.
 A través de los ojos, de la oración, del corazón, del amor, del entendimiento, de la voluntad también de la Santísima Virgen María, el Universo conocido, contemplado, amado y ofrecido por Ella, vuelve hacia Dios.
María es la realización, del amor de Dios; realización completa entonces, la realización íntegra del plan de Dios.  Dios realiza en nosotros, sólo a pedacitos en nosotros,  hasta donde  dejamos, en María lo puede realizar completamente. María es la realización completa del plan de Dios.
María es la perfección de la realización del plan amoroso de Dios; esa es la Santísima Virgen María, en Ella no hay pecado, ni sombra de pecado; la voluntad de Dios se puede realizar completamente en Ella.
Ella no vive para sí misma, todo lo conocido por María, todo aquello que es amado por María, en Ella y a través de Ella, se vuelve hacia Dios. Ahí vamos entendiendo qué quiere decir que María sea Reina.
“Eres Señora del Universo, porque primero eres Señora de ti, porque tú eres Señora de ti misma”; es decir, María empieza siendo Reina.
El reinado de María. Empieza en el orden y belleza de su corazón vuelto hacia Dios; un corazón en el que Dios puede realizar por completo su voluntad.
La Carta de Santiago: “guerrean las pasiones en nuestro interior” Carta de Santigo 4,1. El corazón de María es un corazón unido por un solo amor, por un solo anhelo: la perfecta, la plena realización del plan de Dios.
Entonces, el corazón de la Santísima Virgen, un corazón unido por un solo amor, es un corazón donde Ella empieza siendo Señora; como quien dice: María es Reina del Universo, en primer lugar, porque Ella es dueña de sí misma, y esto, nosotros hombres y mujeres, difícilmente lo entendemos, más difícilmente lo practicamos, y sólo con la gracia de Dios lo realizamos en plenitud, como la misma María, en quien este plan se realizó y se llevó a cabo por la obra de la gracia.
El corazón de la Santísima Virgen María es un corazón unido por un solo amor; es un corazón que no tiene fragmentos, es un corazón que no tiene que excluir a nadie, por eso, es Reina, porque en ese corazón caben todos los amores. El misterio que celebramos el 21 de noviembre, la Presentación de la Santísima Virgen María; el misterio de la Presentación de la Virgen es la resolución de una mujer, que cuando tuvo su primer acto racional consciente, quiso no querer nada distinto de lo que Dios quisiera.
Esto le dio una unidad fantástica al corazón de la Virgen, esto hizo que su corazón no tuviera aplazamientos, esto hizo que su corazón no tuviera que excluir a nadie, por eso, en el amor de Ella, se realiza la realeza de Dios.
Jesucristo es Rey, y Él puede decir, como lo dice en el evangelio de Juan: “Yo para esto he nacido, no existo sino para esto, para ser Rey” San Juan 18,37; Jesucristo es Rey porque, como dice la carta a los Colosenses: “Por Él y para Él fueron creadas todas las cosas” Carta a los Colosenses 1,16.
María no es Reina porque a través de Ella hayan sido creadas todas las cosas, sino porque a través de Ella hayan sido redimidas todas las cosas; María es Reina, no porque en Ella hayan sido creada todas las cosas, no por eso; sino porque aceptando la voluntad de Dios, une su voluntad a la del Creador, y se convierte, por eso mismo, en aquella voluntad, en la que cada uno de nuestros corazones encuentra su propio lugar.
La realeza de María empieza en un amor interior, se descubre ser  amado irremisiblemente amado, irrevocablemente amado por Ella; se descubre que se tiene un lugar en ese nuevo Universo, el Universo que Dios quiso; y precisamente, cuando se descubre, que la voluntad de Ella no es distinta de nuestra salvación.
 Jesucristo es Rey, pero al mismo tiempo, Jesucristo, a través del don Espíritu Santo, nos ha comunicado todos los bienes; por ejemplo, el ser llamados hijos de Dios.
La Biblia, que llama Unigénito a Jesucristo, también lo llama Primogénito de muchos hermanos. Las dos cosas son ciertas; Él es el Unigénito y es completamente Único, pero es un Único, que a través del Espíritu, transmite incluso su unicidad.
¡Aquí hay un misterio tan profundo!  Quisieramos corazones que adoraran el misterio de estas palabras. Cristo el Único, el Unigénito, quiso ser el primogénito de muchos hermanos; es decir, transmitió su unigenitura; transmitió que fueramos únicos, cada uno de nosotros fuera único.
Jesús que da todo, da incluso el ser Rey, el misterio de la Santísima Virgen María, Reina, no es solamente para ponerle unas medallas, joyas, inciensos a la Santísima Virgen; sea Ella bendecida, amada, cantada, celebrada por todos; ¡bendita sea!
San Pablo dice: “Nosotros reinaremos con Cristo” 2 Timoteo 2,12 . Nos lo muestra la Santísima Virgen. Damos una mirada al corazón, en un solo amor, en el bautismo  tú eres sacerdote,profeta y rey, los reyes del Evangelio y los reyes de esta tierra se sirven; “yo he venido para servir, y no para ser servido” San Mateo 20,28.
En la medida en que vivimos esto, vivimos el misterio de la fiesta qu nos ha propuesto la Iglesia. “Muchas más cosas reflexionaríamos,  San Juan 16,12.
Que el amor de María dilate el corazón, dilate. Está el canto de lo que significa un buen rey, “El rey se alegra por tu fuerza. Le has concedido el deseo de su corazón, le has bendecido con el éxito” Salmo 20,1-2.
Es muy claro en el salmo, ese salmo mesiánico, ese salmo real, es muy claro lo que se elogia: se elogia la victoria del rey cuando tiene la bendición de Dios, es decir, del reino que importa lo que interesa es que es una bendición, que es un instrumento de bendición. Como le dijo Dios a Abraham: “Haré de ti una bendición” Génesis 12,3.
Lo que la Biblia elogia de los reyes es que son una bendición. Los buenos reyes son una bendición, son instrumento de bendición.
Eso también lo responden los salmos y muchos otros textos, llegan a serlo cuando reciben, cuando se abren a recibir con absoluta, con total confianza la unción divina; cuando la palabra ungido, cuando la palabra mesías le queda bien a un rey, ese es un buen rey, mesías como sabemos, significa ungido.
Entonces, la teología del buen rey es un reino bueno, cuando se abre con humildad a la bendición de Dios, cuando la recibe con humildad, con fidelidad y entonces se hace capaz de transmitirla. Un buen rey es una buena bendición de Dios.
Lo que se espera, lo que la Sagrada Escritura espera de una comunidad, "Dios bendijo nuestra familia,"Dios bendijo nuestra comunidad", "Dios bendijo nuestro camino", "Dios bendijo esta tierra", "fue un instrumento de bendición".
Tenemos que ser útil,  amar y ser amado, servir y no ser servido.
Samuel en un lenguaje más abierto,"Ustedes quieren un rey, bueno, yo les voy a contar qué es lo que va a hacer el rey: el rey va a tomar a los hijos de ustedes para el ejército de él y va a tomar a las hijas de ustedes para el servicio de su casa." 1 Samuel 8,11-13.
Nuestro Señor Jesucristo en sus palabras cuando nos  dice: “Sabéis que los poderosos se hacen temibles y quieren que todo el mundo los sirva" San Mateo 20,25.
 María Virgen como Reina, San Pablo nos dice: “Reinaremos con Él” 2 Timoteo 2,12.
Vivió con; en Ella Jesús fue plenamente Emmanuel, fue plenamente Dios con Ella, le dijo el Ángel: "El Señor está contigo" San Lucas 1,28, eso se cumplió en ese día y en todos los días hasta su partida de este mundo. "El Señor está contigo" San Lucas 1,28, reinó con Cristo, vivió con Cristo, tuvo espacio siempre para Cristo.
Nosotros aprendemos a descubrir la hermosa, profunda y fecunda dimensión cristológica de las fiestas marianas, que encontremos también, cuán cerca esta de nosotros y cuán cerca está esa devoción de la predicación, de la evangelización, junto con todos los cristianos.

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