Conocer
a Dios es obrar como Él, así nos dice la primera Carta de Juan: "El que
dice que conoce a Dios, tiene que andar como Él anduvo" 1 Juan 1,6.
Conocer
a Dios, ser de Dios, es obrar como Dios y esto significa, ante todo, alegrarse
de la conversión, de la mi
El sello del verdadero
cristiano, ama al pecador, quiere con misericordia la conversión del pecador y
porque se alegra, se regocija y hace fiesta por cada pecador que vuelve a Dios:
Cristo,
como el buen amigo, nos llama a cuentas, nos hace entrar en razón, nos quita la
venda de los ojos, y nos dice: "¡Yo sé que tú me has robado, yo sé que tú
me has herido, que eres un desagradecido conmigo y tú no tienes idea de todo el
amor que yo te he tenido.
"¡Yo
sé quién eres tú, pero quiero que sepas que hoy estoy dispuesto a perdonarte,
que hoy estoy dispuesto a sufrir por ti y que si tuviera que volver a morir,
volvería a morir por ti porque te amo!". ¡Ése es Jesucristo!
La
Buena Noticia es que todo lo hizo y lo padeció ¡por amor! La gran noticia es que desde esa cruz nos
está diciendo: "¡Te conozco, sé quién eres, te acepto, te amo y estoy
dispuesto a sufrir así por ti, con tal de que tu vida se sane, con tal de que
tu vida se restablezca". ¡Ése es el inmenso amor de Cristo!
Es mayor amor y es mejor amigo el que sabe perdonar
la ofensa.
Esas palabras le conmueven el corazón y
entonces suelta el llanto, ya no de tristeza sino de alegría y le da un abrazo
a su amigo y le dice: "Ahora entiendo que tú eres más amigo que todos mis
amigos, porque aunque yo te fallé, aunque yo te maltraté, aunque yo te
traicioné, tú tuviste el coraje y el amor de perdonarme, y por eso entiendo que
tú eres mi verdadero gran amigo."
Ése
es el abrazo que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a dar y a
recibir de Jesucristo. Es el momento de volvernos a Él y decirle: "Sí, tú
me conoces, Señor, tú sabes que te he ofendido, tú sabes que te he robado, el
amor, el honor y la gloria que tú te mereces; tú sabes que muchas veces he roto
el pacto contigo, he sido un amigo traidor"
"Pero
tus heridas, tu paciencia, tu sangre y tu santísimo amor, me están enseñando,
que tú estás dispuesto a recibirme y por eso, Señor, también yo quiero
recibirte, yo quiero acogerte, yo quiero decirte que tú eres mi verdadero
amigo, que en ti puedo confiar."
San Pablo nos dice: "El que no perdonó a
su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, es decir, el
Padre celestial que nos dio a su Hijo, ¿cómo no nos dará con Él todas las
cosas?" Carta los Romanos
8,32.
El
que te dio a Cristo hasta el extremo de la sangre, de la cruz, de los clavos,
de las espinas y de la muerte, el que te dio a Cristo así, ¿cómo no te va a dar
lo que tú necesitas?; en Él, en ese amor está todo lo que puede pedir el
corazón humano, toda la salud, la reconciliación, en el está toda la bendición,
todo el amor que puede necesitar nuestro corazón.
Por
eso nos acercamos a Cristo Jesús, le vamos a decir: “Tú eres mi verdadero
amigo, porque tú haz pasado por la prueba más dura que es la de ser
traicionado. Yo te he traicionado, Señor, he roto el pacto que había en nuestra
amistad y sin embargo me sigues amando."
"Sé
que tu amor es inmenso, Señor, yo creo en las palabras de San Pablo y creo que
si el Padre Celestial, el Padre Dios, dio como regalo tu Santísima Pasión para
perdón de mis pecados, yo sé que en ti, Jesucristo, está todo el amor, la
salud, todo el perdón, toda la reconciliación, porque tú eres mi verdadero y gran
amigo y que en ti puedo confiar todos los días de mi vida”.