domingo, 30 de abril de 2017

Romanos 8,32.







Conocer a Dios es obrar como Él, así nos dice la primera Carta de Juan: "El que dice que conoce a Dios, tiene que andar como Él anduvo" 1 Juan 1,6.
Conocer a Dios, ser de Dios, es obrar como Dios y esto significa, ante todo, alegrarse de la conversión, de la mi

El sello del verdadero cristiano, ama al pecador, quiere con misericordia la conversión del pecador y porque se alegra, se regocija y hace fiesta por cada pecador que vuelve a Dios:
Cristo, como el buen amigo, nos llama a cuentas, nos hace entrar en razón, nos quita la venda de los ojos, y nos dice: "¡Yo sé que tú me has robado, yo sé que tú me has herido, que eres un desagradecido conmigo y tú no tienes idea de todo el amor que yo te he tenido.
"¡Yo sé quién eres tú, pero quiero que sepas que hoy estoy dispuesto a perdonarte, que hoy estoy dispuesto a sufrir por ti y que si tuviera que volver a morir, volvería a morir por ti porque te amo!". ¡Ése es Jesucristo!
La Buena Noticia es que todo lo hizo y lo padeció ¡por amor!  La gran noticia es que desde esa cruz nos está diciendo: "¡Te conozco, sé quién eres, te acepto, te amo y estoy dispuesto a sufrir así por ti, con tal de que tu vida se sane, con tal de que tu vida se restablezca". ¡Ése es el inmenso amor de Cristo!
 Es mayor amor y es mejor amigo el que sabe perdonar la ofensa.
 Esas palabras le conmueven el corazón y entonces suelta el llanto, ya no de tristeza sino de alegría y le da un abrazo a su amigo y le dice: "Ahora entiendo que tú eres más amigo que todos mis amigos, porque aunque yo te fallé, aunque yo te maltraté, aunque yo te traicioné, tú tuviste el coraje y el amor de perdonarme, y por eso entiendo que tú eres mi verdadero gran amigo."
Ése es el abrazo que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a dar y a recibir de Jesucristo. Es el momento de volvernos a Él y decirle: "Sí, tú me conoces, Señor, tú sabes que te he ofendido, tú sabes que te he robado, el amor, el honor y la gloria que tú te mereces; tú sabes que muchas veces he roto el pacto contigo, he sido un amigo traidor"
"Pero tus heridas, tu paciencia, tu sangre y tu santísimo amor, me están enseñando, que tú estás dispuesto a recibirme y por eso, Señor, también yo quiero recibirte, yo quiero acogerte, yo quiero decirte que tú eres mi verdadero amigo, que en ti puedo confiar."
 San Pablo nos dice: "El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, es decir, el Padre celestial que nos dio a su Hijo, ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?" Carta los Romanos 8,32.
El que te dio a Cristo hasta el extremo de la sangre, de la cruz, de los clavos, de las espinas y de la muerte, el que te dio a Cristo así, ¿cómo no te va a dar lo que tú necesitas?; en Él, en ese amor está todo lo que puede pedir el corazón humano, toda la salud, la reconciliación, en el está toda la bendición, todo el amor que puede necesitar nuestro corazón.
Por eso nos acercamos a Cristo Jesús, le vamos a decir: “Tú eres mi verdadero amigo, porque tú haz pasado por la prueba más dura que es la de ser traicionado. Yo te he traicionado, Señor, he roto el pacto que había en nuestra amistad y sin embargo me sigues amando."

"Sé que tu amor es inmenso, Señor, yo creo en las palabras de San Pablo y creo que si el Padre Celestial, el Padre Dios, dio como regalo tu Santísima Pasión para perdón de mis pecados, yo sé que en ti, Jesucristo, está todo el amor, la salud, todo el perdón, toda la reconciliación, porque tú eres mi verdadero y gran amigo y que en ti puedo confiar todos los días de mi vida”.

sábado, 29 de abril de 2017

Romanos 1,16.








Lo que enseña la Biblia,lo tenemos que responder con vigor y alegría: Precisamente la muerte de Cristo es la prueba más grande, irrepetible e irreversible de que sí es cierto que Dios no abandona a su pueblo, porque ahí, donde el abandono parecía ser la realidad única en el sepulcro de Cristo, ahí entra el poder de Dios y resucita a Jesucristo.
La libertad del Resucitado es la libertad que nadie le puede quitar, y la vida del Resucitado es la vida que nadie le puede arrebatar, y el amor de Cristo nadie lo puede detener.
Pero, entonces, alguien puede preguntar por qué dijo Cristo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Esa frase es el comienzo del Salmo 22, y ese Salmo, que empieza con esas notas tan tristes, termina, como la lectura de hoy de Jeremías, en medio de acordes de alabanza.
El mismo salmista, que empezó diciendo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", termina diciendo: "Alabadlo, aclamadlo" Salmo 22,24.
Cristo, en la cruz, estaba orando con ese salmo, y la oración misma de Cristo en la Cruz es la muestra de su victoria. Porque cuando todo le salió mal, cuando el dolor físico lo atenazó, cuando el dolor moral lo hundió y el dolor espiritual lo quemó por dentro, en ése mismo momento Cristo era el vencedor.
Cristo murió murió amando, intercediendo, ofreciendo su vida en solidaridad profunda con la humanidad doliente, sin reclamar venganza. En la muerte de Cristo el gran vencedor fue Cristo y la gloria fue para Dios.
Cristo, muriendo en la Cruz fue el vencedor, y nosotros, como San Pablo, le decimos: "Yo no me avergüenzo de la Cruz de Jesucristo" Carta a los Romanos 1,16; "yo levanto en alto el misterio de la Cruz".
Que viva la Cruz de Jesucristo, que luzca la Cruz de Jesucristo, que se vea la Cruz de Jesucristo en todas partes, porque el gran vencedor a la hora de la Cruz es Cristo, lo cual se manifestó maravillosamente con la Resurrección. ¡Qué misterio tan hermoso! ¡Qué Semana Santa tan bella que tenemos a las puertas!
Preparémonos con estas últimas meditaciones para entrar de lleno a la Semana Mayor, para vivir a fondo nuestra fe y para decirle a Cristo, incluso cuando lo veamos despedazado en la Cruz: "Tú eres el Rey, Tú eres el Vencedor, Tú eres el Señor, y nosotros, con razón, te adoramos y te reconocemos como nuestro líder, nuestro modelo, nuestro ejemplo y nuestro camino".

A Él gloria y honor por los siglos.

Juan 10,32.







"En el peligro invoqué al Señor y me escuchó" Salmo 18,7. El que dice esa oración es alguien, quien como Jeremías, se sintió rodeado de peligro, y él, sintió, también, que Dios lo había rescatado.
"Me cercaban olas mortales, me envolvían las redes del abismo. En el peligro invoqué al Señor desde su templo; Él escuchó mi voz" Salmo 18,5.
 Una persona que se siente rodeada de una amenaza de maldad, pero que experimenta que Dios la rescata. ¡Qué hermosa experiencia! Es la experiencia de la salvación.
En el evangelio vuelve a aparecer esa imagen: Cristo está discutiendo con alguna de las autoridades de los judíos; la acusación es gravísima: "Tú eres un blasfemo" y la pena contra un blasfemo es: "Hay que matarlo a piedra". En el contexto de esa discusión, Jesucristo se defiende: "Si las obras que yo hago son las obras de mi Padre, ¿por qué pecado me van a apedrear?" San Juan 10,32.
El texto termina: "Una vez más trataron de apoderarse de Él, pero se les escapó de las manos"San Juan 10,39.
Estas Lecturas se están meditando en un viernes, pero no en cualquier viernes: es el último viernes de Cuaresma. Dentro de ocho días se estará proclamando el misterio de la muerte de Cristo.
Así, fue llevado al Gólgota, y ante los ojos de su Santísima Madre, como añadiendo unos dolores a otros, fue crucificado, y en la cruz siguieron burlándose de Él con saña, crueldad y odio encendido, y parece que nadie lo liberó. Y se murió.

Esa muerte de Cristo, aparentemente, contradice lo que enseña la Biblia: Que el que pone su confianza en Dios, recibe de Dios el auxilio, y que Dios no va a dejar que el poder del malvado tenga eficacia sobre la virtud del justo. Cristo es justo como ninguno, inocente y bueno como ninguno, y fue traicionado, atrapado, escarnecido, torturado y, finalmente, asesinado.

viernes, 28 de abril de 2017

Mateo 27,39-44.

Me entristece







 Cuando creo en un Dios que supera la muerte, soy capaz de dar la vida. 
 Aprendemos  que ellos se toman en serio lo que dice el Salmo 63 o 62 : “Tu gracia vale más que la vida” (Sal 63,4). El objetivo principal de los apòstoles  no es,  su principal propósito no es salvarse ellos; su principal propósito es ser fieles al mandato misionero que han recibido. Y adivina de quién han aprendido ¿Recuerdas lo que sucede cuando Cristo está en la Cruz y la gente le dice: “sálvate a ti mismo, y creeremos en ti” (  Mt 27,39-44; Lc 23,35-38); Cristo es el que no puede salvarse a sí mismo. ¡Qué hermoso testimonio nos dan los apóstoles! Así como Cristo no pensó en salvarse a sí mismo, economizándose el dolor y la tortura de la Cruz, así también, estos apóstoles no piensan en primer lugar en salvarse ellos; así como Cristo puso en primer lugar la voluntad del Padre que lo había enviado, así estos apóstoles ponen en primer lugar la voluntad de su Maestro y Señor, de Jesucristo, que los ha enviado.
Realmente a estos testimonios; si esos apóstoles llegaron a esos niveles de coherencia y de valor, no fue por sus solas fuerzas humanas; es el poder del Espíritu, es la gracia y la unción de Dios la que hace esa clase de transformaciones. Pidamos ese Espíritu, también para nosotros, para vivir a fondo nuestra fe y para ser verdaderos discípulos
Soplaba un viento fuerte" San Juan 6,18; les costaba trabajo remar, estaban remando, pero había un viento fuerte.
"Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra enseguida en el sitio a donde iban" San Juan 6,21.
Me parece que entre las muchas enseñanzas que Jesús quiso darles con esta manera de obrar fue esta: la diferencia entre trabajo cuando no está Jesús, y la victoria cuando llega Jesús.
 "Al oscurecer los discípulos bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm" San Juan 6,16-17.
 "Era ya noche cerrada cuando Jesús todavía no los había alcanzado" San Juan 6,17. Entre el oscurecer y la noche cerrada llega Jesús, y el viaje ha terminado.
Es el contraste entre el esfuerzo humano, duro, tedioso, y la visita de Jesús amable, pacificadora, que desemboca en la victoria.
Pero trabajar por Jesús sin Jesús es muy difícil y es muy agotador. Cristo quiso dar esta enseñanza: "Si quieren trabajar por mí, trabajen conmigo, que cuando yo estoy, el camino es un instante; cuando yo estoy, la victoria es segura; cuando yo estoy con alegrìa completa.

jueves, 27 de abril de 2017

Voluntad








 Cuando creo en un Dios que supera la muerte, entonces, soy capaz de dar la vida. 
 Aprendemos  que ellos se toman en serio lo que dice el Salmo 63 o 62 : “Tu gracia vale más que la vida” (Sal 63,4). El objetivo principal de ellos no es,  su principal propósito no es salvarse ellos; su principal propósito es ser fieles al mandato misionero que han recibido. Y adivina de quién han aprendido ¿Recuerdas lo que sucede cuando Cristo está en la Cruz y la gente le dice: “sálvate a ti mismo, y creeremos en ti” (  Mt 27,39-44; Lc 23,35-38); Cristo es el que no puede salvarse a sí mismo. ¡Qué hermoso testimonio nos dan los apóstoles! Así como Cristo no pensó en salvarse a sí mismo, economizándose el dolor y la tortura de la Cruz, así también, estos apóstoles no piensan en primer lugar en salvarse ellos; así como Cristo puso en primer lugar la voluntad del Padre que lo había enviado, así estos apóstoles ponen en primer lugar la voluntad de su Maestro y Señor, de Jesucristo, que los ha enviado.
Realmente a estos testimonios; si esos apóstoles llegaron a esos niveles de coherencia y de valor, no fue por sus solas fuerzas humanas; es el poder del Espíritu, es la gracia y la unción de Dios la que hace esa clase de transformaciones. Pidamos ese Espíritu, también para nosotros, para vivir a fondo nuestra fe y para ser verdaderos discípulos
Soplaba un viento fuerte" San Juan 6,18; les costaba trabajo remar, estaban remando, pero había un viento fuerte.
"Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra enseguida en el sitio a donde iban" San Juan 6,21.
Me parece que entre las muchas enseñanzas que Jesús quiso darles con esta manera de obrar fue esta: la diferencia entre trabajo cuando no está Jesús, y la victoria cuando llega Jesús.
 "Al oscurecer los discípulos bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm" San Juan 6,16-17.
 "Era ya noche cerrada cuando Jesús todavía no los había alcanzado" San Juan 6,17. Entre el oscurecer y la noche cerrada llega Jesús, y el viaje ha terminado.
Es el contraste entre el esfuerzo humano, duro, tedioso, y la visita de Jesús amable, pacificadora, que desemboca en la victoria.
Pero trabajar por Jesús sin Jesús es muy difícil y es muy agotador. Cristo quiso dar esta enseñanza: "Si quieren trabajar por mí, trabajen conmigo, que cuando yo estoy, el camino es un instante; cuando yo estoy, la victoria es segura; cuando yo estoy, la alegría es completa".

Amén.

martes, 25 de abril de 2017

Nombre





  "Al Nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y entre los muertos, y toda lengua proclame que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre" Carta a los Filipenses 2,6-11. El Nombre de Jesús es nombre grande, el Nombre que nos revela la Salvación.
Un nombre es la puerta por la que entramos a la verdad, a la realidad de una persona. Se trata de el resumen y se trata de la puerta del misterio de Jesucristo.
A través de la invocación del Nombre de Cristo, traemos a nuestra memoria, a nuestro corazón y a nuestra admiración todo el misterio de Jesucristo; toda la verdad y toda la realidad de Jesucristo. Estar cerca del Nombre de Jesucristo, es tener siempre fresca en nuestra memoria toda la obra maravillosa de su amor, toda la obra maravillosa de su salvación. En Él tenemos la Salvación.
Permanecer en Jesucristo, permanecer en el Nombre de Jesucristo, es conservar fresca en nuestra memoria la vida de Jesús, la Pasión de Jesús, la muerte de Jesús.

A través de la invocación del Nombre de Cristo, traemos a nuestra memoria, a nuestro corazón y a nuestra admiración todo el misterio de Jesucristo; toda la verdad y toda la realidad de Jesucristo. Por eso, estar cerca del Nombre de Jesucristo, es tener siempre fresca en nuestra memoria toda la obra maravillosa de su amor, toda la obra maravillosa de su salvación. En Él tenemos la Salvación.

Infunde





Señor Jesús, toma nuestros pensamientos. Señor Jesús, infunde tu Espíritu en nosotros, sé tú el dueño de nuestro corazón y de nuestra vida; ven a reinar, Cristo glorioso, ven a reinar, Cristo resucitado, en cada una de las células de nuestro ser, en cada una de las palabras de nuestra boca, en cada uno de los sentimientos de nuestro corazón, en cada uno de los pensamientos de nuestra cabeza".
"Ven a reinar, Señor; nosotros, Señor, hemos sido creados para el banquete de la vida, para la resurrección gloriosa, para entrar a reinar siempre contigo".
"Infunde tu Espíritu, ese Espíritu en nosotros; danos la certeza y la verdad de la Resurrección, y haz que todos en nosotros, unido a ti, tenga vida en tu Nombre".

Resurrecciòn

Eltamaño de la vida cristiana, es el tamaño del Resucitado en nuestras vidas, es exactamente el mismo tamaño; el tamaño de nuestro amor, es el tamaño del amor al Resucitado; el tamaño de nuestra vida, es la cantidad de Cristo que hay en nosotros; los miligramos de Cristo Resucitado que hay en nosotros, esos son los miligramos des lo mismo que Jesús dice en el discurso eucarístico del capítulo seis de San Juan: "El que no come mi carne y bebe mi sangre, no tiene vida. Si coméis mi carne y bebéis mi sangre, tenéis vida  Ser cristiano es vivir de tal manera que uno pueda mirar su futuro en Cristo, y que uno pueda mirarse a sí mismo y reconocer el pasado de Cristo en uno. Esto, precisamente esto es ser cristiano.
Ser cristiano es poder mirar el propio dolor y mirar lo de Jesucristo; si algún dolor que tiene tu alma no lo alcanzas a mirar en Cristo, esa parte de tu corazón todavía necesita ser bautizada, necesita ser evangelizada, necesita ser convertida.
Si alguna alegría tuya no la logras vivir con la Resurrección del Señor, esa parte de tu vida necesita ser evangelizada, necesita ser convertida, necesita ser bautizada.
Sólo Cristo es vencedor de la muerte, sólo Jesucristo; lo que no sea de Cristo en mi vida, sufrirá la corrupción, sufrirá el desgaste, se hundirá en la noche, se perderá en la muerte; lo que haya de Cristo en mí eso es lo que tiene vida eterna; y lo que no haya de Cristo en mí, se perderá y se perderá para la eternidad.
Cada uno revise su corazón, cada uno revise cuánta resurrección tiene, cuánto de vida eterna tiene. Ahora podemos entender mejor las palabras de Jesús en el capítulo sexto de san Juan:"El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna" San Juan 5,54; "y quien no come mi cuerpo ni bebe mi sangre no tiene vida eterna" San Juan 6,53.
Cristo es el único que vence a la muerte; si ese Cristo habita en mí, en aquello mío que es de Él, ahí tengo vida; en aquello mío que es sólo mío, ahí tengo muerte; sólo en aquello mío que es de Él ha triunfado la Resurrección y eso durará por la eternidad, lo demás, llega hasta la puerta de la muerte, y ahí se queda.
La invitación entonces es: a comulgar a conciencia, a recibir la Eucaristía queriendo que ese Cristo llene todo nuestro ser, colme por completo nuestro ser para que nosotros tengamos vida abundante; el mismo Jesús lo dice en San Juan: "Yo he venido para que tengan vida, y vida abundante" San Juan 10,10.

Aquella parte, -lo repito gráficamente-, aquella parte de tu cuerpo que no haya recibido esa gracia, esa fuerza de parte de Cristo, está preparándose para morir y para estrellarse contra la muerte.

sábado, 22 de abril de 2017

Sentido

Es el sentido que nosotros le damos al Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento se cumple, alcanza su significado únicamente en Jesucristo.
 El Antiguo Testamento es la preparación pedagógica que nos ayuda a reconocer la necesidad de Jesús. Leyendo esos textos del Antiguo Testamento aprendemos a reconocer nuestro propio corazón, y aprendemos a sentir hambre y necesidad de Cristo.
El Antiguo Testamento no puede ser un desconocido; pero el Antiguo Testamento tampoco puede ser un absoluto, como si fuera una historia que ya quedó completa, o como si fuera suficiente. El Antiguo Testamento es anuncio, es promesa, es expectativa.
En lo que tiene que ver con el Antiguo Testamento, la Biblia nos invita, al presentarnos a San Pedro predicando, mirar esta porción de la Biblia, no como un desconocido, tampoco como un absoluto; es un camino, es un proceso, y en ese proceso estamos tú y yo, en ese proceso vamos reconociendo cada vez más, cada vez con mayor lucidez nuestra necesidad de Jesús, para que luego sea el mismo Jesús el que le dé plenitud a esa búsqueda, a esa hambre, a esa inquietud.
Cristo es el centro de la Escritura, Cristo ilumina la comprensión de toda la Biblia, y la Biblia nos permite mirar hacia Jesucristo. Se iluminan mutuamente. Cristo Palabra de Dios, la Biblia Palabra de Dios; Cristo implícito en la Escritura, la Escritura proclamando el misterio de Cristo.
 El Antiguo Testamento: sino mirarlo como un camino, mirarlo como un recorrido que apunta finalmente hacia esta figura de Jesús y que en ella encuentra totalmente su cumplimiento.
Que los Hechos de los Apóstoles, nos animen a descubrir la belleza, la gloria de Jesucristo, a sentirnos felices en Él, a comprender un poco mejor cuál es la herencia, el regalo que hemos recibido, y aprovecharlo nosotros y compartirlo con nuestros hermanos.

Amén.Alegrìa Paz y Misiòn.

Escrituras









Cristo ilumina las Escrituras y las Escrituras nos ayudan a entender a Cristo; Cristo está como implícito, como escondido en todo ese Antiguo Testamento, y Cristo está presente, patente en el Nuevo Testamento; Cristo finalmente  da el significado, da unidad, da coherencia al conjunto de la Biblia.
Cada vez que abrimos la Sagrada Escritura, queremos encontrarnos con el Señor, queremos saber quién es Él, queremos saber cómo piensa, y por eso la Escritura nos ayuda a mirar hacia Jesús y Jesús nos ayuda a entender la Escritura.
Los Hechos de los Apóstoles nos cuentan el eco maravilloso, como la hermosísima repercusión de la noticia de la resurrección en círculos que se van agrandando, según dijo Cristo, empezando por Jerusalén, siguiendo por Samaría, hasta llegar a los confines del orbe.
San Pedro, en la lectura de los Hechos de los Apóstoles, lo que hace es citar los salmos, lo que hace es citar un texto del Antiguo Testamento, y lo comprende ahora a la luz de lo que ha sucedido en Jesucristo.
Se trata de encontrar a Cristo en todas las prefiguraciones del Antiguo Testamento. En el camino de los patriarcas, de los profetas, de los reyes y de los sabios, lo que nosotros buscamos es la figura de Cristo.

 Fundamentalmente el texto del salmo en el que David dice: "No me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción" Salmo 15,10. Ese salmo, aunque fue pronunciado por David, no se cumplió en la persona de David, sino que se cumplió en Jesucristo.

jueves, 20 de abril de 2017

Buena Noticia





El motor del Evangelio está en la alegría, una alegría que no se puede detener,una alegría que empezó cuando el Arcángel Gabriel evangelizó a la Santísima Virgen y le dijo: "Alégrate" "jáire", "alégrate" San Lucas 1,28.
Ahí empieza el Evangelio, ahí empieza la alegría; como dice el San Marcos al comienzo de su texto: "Aquí empiezan las nuevas noticias" San Marcos 1,1, "comienzo de la Buena Noticia" San Marcos 1,1, "comienzo de las Buenas Noticias" San Marcos 1,1.
Son dos noticias, y es muy importante recordar que esos dos ríos, uno con agua de alegría y otro con agua de podredumbre, esos dos ríos empezaron a correr el mismo día, eso no se nos puede olvidar. Y por consiguiente, esos dos ríos siguen, ¿hasta cuándo? Dice el Evangelista: "Hasta hoy" San Mateo 28,15, todavía hoy siguen.
Realmente, la nueva Alianza, la que hace que un judío se vuelva cristiano, empieza con el don del Espíritu y con la gracia que brota con la sangre de la cruz, ahí empieza el Nuevo Testamento.
La alegría de la Pascua, todos tengan la certeza gozosa, esperanzada, proclamada de la salvación.
San Pablo pregunta en la Carta a los Romanos: "¿Entonces no tiene ninguna ventaja ser judíos?" Carta a los Romanos 3,1, y les dice, claro que sí, y de muchas maneras" Carta a los Romanos 3,2.
Jesús les dice: "Alegráos" San Mateo 28,9, ,  luego les dice: "No tengáis miedo" San Mateo 28,10. La primera victoria de Jesucristo es una victoria sobre el miedo .
Lo primero que sana Jesús aquí es el miedo: "No tengas miedo" San Mateo 28,10 Esto es precioso. Lleva un orden el Evangelista. Dice: "Alegreáos" San Mateo 28,9. "Ellas se acercaron, se postraron ante Él y le abrazaron los pies" San Mateo 28,9.
Si nosotros recordamos lo que sucedió cuando la zarza en Moisés, Moisés se intenta acercar y siente temor y siente miedo, y una voz de la visión le dice: "Mire, descálcese. Esta tierra que usted pisa es sagrada" Exodo 3,5.
Las mujeres se acercaron donde Jesús, le abrazaron;  Jesús les dice: "No tengais miedo" San Mateo 28,10 .
"No tengais miedo" San Mateo 28,10, no es para curarlas del miedo de la aparición.
 Ellas ya están alegres, y además, ellas habían salido "impresionadas y llenas de alegría" San Mateo 28,8, dice el texto, porque ya habían escuchado las voz aquella de los Ángeles que les habían dicho: "Jesús no esta aquí; resucitó" San Mateo 28,6.
Se encuentran con Cristo que les dice: "Alegraos" San Mateo 28,9, y le abrazan; entonces no es el miedo de la aparición. "Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, alí me verán" San Mateo 28,10.
"No tengais miedo" San Mateo 28,10, les dice Cristo para sacarlas del miedo que podría venirles anunciar la buena noticia.
Cuando Pedro dijo: "Hasta mi vida daré por ti" San Juan 13,37, eso no se no lo escribió en un papelito y se lo pasó en la Última Cena, eso lo dijo delante de todos: "Yo me haré matar por ti" San Juan 13,37.
El complejo de culpa... Observemos cuáles son los obstáculos que Cristo vence con su Pascua: el complejo de culpa tan terrible que tenía que sentir Pedro y los otros, porque dice el Evangelista: "Y los demás decían lo mismo" San Mateo 26,35.

Dice el evangelista: "Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad" San Mateo 28,11. Ahora ellas van curadas por Cristo, van a llevar la buena noticia, y los otros también van, los otros también están en camino, la mala noticia ya esta en camino.

Poder





Pentecostés es un fruto de vida, Pentecostés no es simplemente una teoría; el Espíritu Santo no es únicamente una facilidad para llegar a aprender cosas. Por supuesto que el Espíritu ilumina nuestra inteligencia, pero es ante todo una corriente vital, es la energía de Dios actuando en nosotros, pero no es una parte de Dios ni es un atributo de Dios, es Dios mismo, es la tercera Persona de la Trinidad.
Misterio muy grande del cual tendremos que hablar varias veces durante el tiempo pascual. Por ahora es importante que tengamos en cuenta que el Espíritu Santo no es una idea que nosotros tenemos, sino una fuerza de vida, llega a todo lo que nosotros somos, y que por consiguiente transforma también lo que hacemos.
 Es hermoso ver, que después de que Pedro habla, entonces la Biblia nos lo presenta actuando: en el capítulo dos está Pedro predicando, y en el capítulo tres, que es propio  de la Octava de Pascua, nos encontramos a Pedro actuando. El poder del Espíritu le lleva a hacer una obra maravillosa: a curar a un hombre que estaba paralítico desde hacía muchísimos años, un hombre paralítico de nacimiento, uno que no podía andar.
Este que estaba condenado a vivir en la esclavitud y como un prisionero de su propia limitación, pues puede regocijarse, puede cantar, puede saltar, puede danzar con el nuevo poder, con la nueva fuerza que recibe de Dios.
Esta imagen, la imagen del paralítico que entra cantando y saltando y danzando, esta imagen tiene que quedar impresa en nosotros para que sepamos lo que es Pascua. Pascua es eso: Pascua es llenarse de esa vida, Pascua es recibir esa fuerza, Pascua es sintonizar con Dios y es percibir la melodía, la alegría misma de Dios.
Dios es alegre, Dios es santo, Dios es bueno, Dios transforma todo lo que somos y tenemos.

A Él la gloria por los siglos.

Templo






Cristo ha resucitado, y el verdadero Templo del que está brotando el agua que sí cura a la gente, es Cristo Resucitado; de manera que se ve que hay una relación con el judaísmo pero se ve también cómo es Cristo, el judío, el que alcanza su plenitud, la alianza; es Cristo el verdadero Templo del que brota ese manantial que sana a este paralítico, como una demostración de lo que después hará con muchos paralíticos, con muchas personas en todas las culturas.
De este modo descubrimos a Cristo como lugar de oración, como lugar de vida, como fuente que sana a quienes nos acercamos a Él.
La gente lo vio andar alabando a Dios. Al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna, quedaron estupefactos ante lo sucedido. Es la sorpresa que acompaña el acontecimiento de Jesucristo, aunque está en continuidad con la historia de su pueblo, le hace dar como un salto, un salto inconmensurable que causa profunda admiración.
El desarrollo de las lecturas del Evangelio nos mostrará cómo este salto sólo puede ser dado por la gracia de Dios en nosotros .

Nosotros, por nuestra parte, encontramos en la Eucaristía ese Templo, ese Cristo Resucitado, y en Él la fuente misma de la vida.

San Lucas 24,39






La verdad del Cuerpo de Cristo, la verdad de la humanidad de Cristo es esencial para proclamar la verdad del amor con el que hemos sido salvados.
El evangelio nos habla de ese Cuerpo de Cristo y de la verdad de ese Cuerpo. Cristo se aparece y les muestra las manos y los pies, y por si quedara alguna duda, dice lo siguiente el Señor: "Dense cuenta, convénzanse, un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo" San Lucas 24,39.
El evangelio nos dice: "Carne y huesos" San Lucas 24,39.
 Cristo resucitado se presenta con su carne y con sus huesos, diciendo a los discípulos: "Toquenme" San Lucas 24,39.
La grandeza de la fe de los Apóstoles está en una sola cosa: que Cristo verdaderamente padeció y que Cristo veradaderamente resucitó. Esa es la fe nuestra.
Sabemos que verdaderamente padeció, sabemos que nos amó hasta el extremo; y porque sabemos que verdaderamente resucitó, sabemos que ese amor no se perdió sino que da fruto. Esa es la fe .
Nosotros creemos en el amor y creemos en la victoria,  por eso creemos que Cristo verdaderamente padeció en su Carne y creemos que verdaderamente resucitó en su Carne. Ser que es amor.
Nosotros no podemos entender por qué Dios creó el mundo, eso no lo podemos entender, sabemos que lo hizo con libertad y con amor.
Creer en la verdad del Cuerpo de Cristo en la Cruz, es creer en la verdad del amor; creer en la verdad del Cuerpo de Cristo resucitado, es creer en la verdad de su victoria; ser cristiano católico es creer que hemos sido amados hasta el extremo y que la victoria es perfecta en Cristo. El amor y la victoria.

Cristo tiene redimidos. La Bibilia nos dice: "Hemos sido comprados a precio de la Sangre del Cordero" 1 Pedro 1,19; nosotros somos no únicamente seguidores, somos redimidos, hemos sido adquiridos por Él. Continuamos en la verdad del Cuerpo de Cristo, en la verdad de que, al abrir nuestras bocas, para recibir el Cuerpo de Jesús, no estamos recibiendo un puro símbolo, estamos recibiendo la presencia viva, Cuerpo, Sangre, Alma, Divinidad de nuestro amado Salvador, que nos amó hasta ese extremo.

1 Corintios 2,8.





Todo pecado tiene su raíz más profunda en una ignorancia.  El Apóstol San Pablo en Primera Corintios: "Sí lo hubieran conocido, no hubieran crucificado al Señor de la Gloria" 1 Corintios 2,8.
Lo mismo dice San Pedro: "Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades, los que se ensañaron contra Cristo, lo mismo" Hechos de los Apóstoles 3,17.
El pecado surge de una ignorancia, surge siempre de un desconocimiento. ¿Por qué? Porque este tipo de pecado de rebeldía nace del miedo, lo que llama la Carta a los Hebreos, la muerte.
Ante el absurdo de la vida es una manera de hablar del terror que inspira la muerte, porque ésta es la que hace absurda la vida, la muerte como negación, como imposibilidad, como esterilidad, hace absurda la vida; ante ese cinturón que ahogaba la muerte, la vida se vuelve estéril, absurda, la persona entonces, exasperada, se agarra a su propio interés, a un placer inmediato, se agarra a lo que alcanzan a percibir sus ojos.
Hay una ceguera que es la madre del pecado; hay una cerrazón que engendra el pecado y por eso, tanto en la Primera Carta a los Corintios, como el Apóstol Pedro en este texto de los Hechos de los Apóstoles, aluden a esa ignorancia.
 La fe ha sido comparada a una luz; el pecador es una persona que obra dentro de lo que ve, de lo que alcanza a ver; y la fe es como unos lentes nuevos, un reflector nuevo, que le muestra otras cosas, le cambia las condiciones.
Por eso la fe lo que hace es cambiarle el panorama, mostrarle un infinito que se llama la Sangre de Jesús".
Nos asombra el tamaño de amor que nos tiene Jesús, movidos por ese amor, Lo admirable es esa luz que trae la fe."
Pedro no quiere que este milagro se quede simplemente como un episodio raro.
La obra de Dios tiene siempre una lógica, tiene siempre algo que está construyendo; Dios siempre está elaborando algo que usualmente se escapa de nuestra vista, pero que vamos descubriendo también.
San Pedro en su discurso, les muestra: "Miren esto, no es sino el cumplimiento de las promesas que venían desde antiguo, esto se llama fidelidad de Dios, Dios está cumpliendo lo que prometió, y hay que entenderlo a la luz de todo lo que viene desde Moisés" Hechos de los Apóstoles 3,21-22.
Darse cuenta de que tiene una lógica, una historia que conduce hasta aquí y que sigue hasta un tiempo maravilloso, que no ha llegado todavía, y se llama la restauración universal.
Describe ese hecho puntual, ese milagro en una línea que va, desde los tiempos antiquísimos de los Patriarcas, hasta los tiempos gloriosísimos de la restauración universal. "Esto lleva una secuencia, percibe el paso de Dios, maravíllate de esto y entra entonces tú también en ese camino.

Prolongamos el peregrinar del Pueblo de Dios a través de los siglos; nosotros recibimos las señales que Dios nos da y seguimos, como Pedro y como aquellos que creyeron aquel día, y seguimos avanzando hacia la restauración universal, en que brillará con toda su fuerza la Pascua de Jesús.