Bendita
Sangre de Cristo, santísima Sangre de Cristo, que siendo roja trae blancura al
alma humana; bendita Sangre, que siendo oscura le trae brillo, le trae luz al
alma humana; Jesús, esa es la Sangre que necesitamos, la Sangre que fue
derramada con odio y que fue vertida con amor; con odio te sacaron esa Sangre,
pero con amor tú la entregaste.
Jesús, te digo:
”¡Gracias, Señor, por esa Sangre; gracias por ese amor, gracias por esa
paciencia; que venga sobre nosotros tu Sangre redentora; que venga sobre
nosotros los ríos de misericordia y de tu amor; pasa, Señor, por esta asamblea;
limpia nuestra conciencia; desata nuestras cadenas; suéltanos, Señor, de los
antiguos pecados.
Yo
te pido, Señor Jesucristo, yo te pido por misericordia,
por el poder de tu sangre nos sanes , nos liberes ,nos purifiques, Señor, por el poder de tu
Sangre, que alejes todo mal..
Sí
hay alguien que hoy se sienta tan amado de ti,
tan abrazado, tan acogido, tan consentido por ti, que pueda decir con resolución:
”Hoy dejo mi antiguo pecado, hoy dejo mi vida de pecado, hoy he entendido que
Dios me ama, hoy he vuelto a ti, y me abrazo a ti”. Ese es el poder de la Cruz.
Jesucristo, así como están abiertos tus brazos en la Cruz, abre así tu
corazón para ese hombre o esa mujer; acéptalo en tu regazo, no permitas que se
divida, que se disperse el rebaño que tú adquiriste a precio de tantísimo
dolor.
Este
es el día de las misericordias, el día de la Sangre
de Cristo; por eso yo estoy vestido de rojo, porque estoy vestido de Sangre, el
día de la Sangre de Cristo.
Este
es el día de las misericordias, este es el día para recibir el amor, para agradecer
el amor y para decirle al Señor: ”Lo que yo no puedo porque soy un pecador, y
porque soy débil, lo que yo no puedo solo, yo sí
lo voy a poder contigo, Señor; yo contigo sí voy a poder, contigo sí, Señor; lo
que yo no he podido dejar, sí lo voy a poder dejar contigo”.
Hoy nuestra mirada está en la cruz de Cristo, está en le corazón de Cristo
y está en la Sangre de Cristo. La gran palabra, la palabra maravillosa, la
palabra que embriaga el alma es: ”¡Gracias, gracias, Señor!
Siento embriaguez de amor; me has amado tanto Jesús, tanto, tanto,
¡gracias, gracias¡.
¡Gracias
Señor, gracias Jesús¡ Así cada uno de nosotros puede tomar esta muerte de
Cristo, tomar esta Sangre de Cristo, tomarla y acercarla al propio corazón, que
no hay corazón tan duro que no se vaya a romper con el poder de esta Sangre.
Los
Evangelios nos dicen que cuando murió Jesucristo el universo entero conmovido
retembló y muchas piedras se resquebrajaron, así también las piedras de
nuestros corazones endurecidos tienen que romperse en este día, para que pueda
entrar el aguacero de amor, el diluvio de amor y la lluvia de gracia que Jesús
trae para nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario