jueves, 20 de abril de 2017

Templo






Cristo ha resucitado, y el verdadero Templo del que está brotando el agua que sí cura a la gente, es Cristo Resucitado; de manera que se ve que hay una relación con el judaísmo pero se ve también cómo es Cristo, el judío, el que alcanza su plenitud, la alianza; es Cristo el verdadero Templo del que brota ese manantial que sana a este paralítico, como una demostración de lo que después hará con muchos paralíticos, con muchas personas en todas las culturas.
De este modo descubrimos a Cristo como lugar de oración, como lugar de vida, como fuente que sana a quienes nos acercamos a Él.
La gente lo vio andar alabando a Dios. Al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna, quedaron estupefactos ante lo sucedido. Es la sorpresa que acompaña el acontecimiento de Jesucristo, aunque está en continuidad con la historia de su pueblo, le hace dar como un salto, un salto inconmensurable que causa profunda admiración.
El desarrollo de las lecturas del Evangelio nos mostrará cómo este salto sólo puede ser dado por la gracia de Dios en nosotros .

Nosotros, por nuestra parte, encontramos en la Eucaristía ese Templo, ese Cristo Resucitado, y en Él la fuente misma de la vida.

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