La escuela de Jesucristo es distinta,
mis amigos. ¡La escuela de Jesucristo es distinta! Ojalá lo aprendamos pronto.
La escuela de Jesucristo es distinta, por
eso hay que pedirle a Dios, Nuestro Señor, que nos conceda dolor, que nos
conceda un corazón que sienta, un corazón que pueda arrepentirse, un corazón
que pueda ir a acurrucarse en la Llaga del Costado de Cristo.
Claro que sentir dolor no es agradable.
Pero, si tú acurrucas, si tú acunas, si tú arrullas tu dolor en las Llagas de
Jesucristo y le dices a Él: "¡Misericordia! ¡Misericordia! ¡Ayúdame!"
Hay que pedirle junto con esos
sentimientos, el primero de los sentimientos que nos puede salvar, y es la
dulce y amorosa confianza en el amor de Él.
No tener ese amor, no puede sentir. Si
hay una luz, mira, si hay aunque sea una cerilla, una cerilla de fe en ti, si
hay aunque sea una lucecita de este tamaño, aunque sea así, aunque sea sólo
éso, con esa sóla luz que tú tengas de fe en Jesucristo, con esa sóla luz,
dile: "Yo quiero creer en ti.
La persona que sienta dolor, prefiero
gente que pueda humillarse ante Dios y decirle: "Sí, me equivoque de ti
vendrá mi salvación. Lo que ha sido mi vida hasta ahora no es lo que tú
querías. ¡Enséñame tú, Señor, enséñame! ¡Instrúyeme! Instrúyeme en la senda de
tus mandatos."
Nos invita a orar, nos invita a
convertirnos, nos invita a dolernos de nuestros pecados, nos invita a admirar
el tamaño del amor de Jesucristo.
Pedimos a Dios, Nuestro Señor, que nos dé corazones
distintos.
Pase su compasión en nuestro Corazón de
Cristo.,compasión en su corazón por los más pobres, por los más
pequeños".
Mi Señor es Jesucristo, mi estilo es
Jesucristo, mi manera es la de Jesucristo. Yo quiero que sea así con todas las
fuerzas de mi alma, tengan también toda su admiración, todo su amor para
Jesucristo y para todos los que aman a Dios, al Dios y Padre de Nuestro Señor,
y tienen compasión por los más pequeños.
Para todos aquellos que sufren, para
todos aquellos que tienen corazones capaces de llorar y de sonreír,
bienaventurados esos corazones.
San Mateo;en el capítulo veintiséis.
¿No te parece escuchar en el fondo la voz de Cristo que dice:
"Bienaventurados los que lloran"? San Mateo 5,4.
"Bienaventurados los que
sufren" San Mateo 5,10. Claro, ésos tienen
corazón. "Bienaventurados los que trabajan por la paz" San Mateo 5,9. "Bienaventurados los
perseguidos" San Mateo 5,10.
Razòn tiene Nuestro Señor y Salvador
Jesucristo. Al final del Evangelio se vuelven a escuchar las Bienaventuranzas.
"Bienaventurados ellos" San Mateo 5,11.
Llamar bienaventurados a los que tienen
ese amor de Dios y esa compasión con llanto en su corazón.
!Que Dios, Nuestro Señor, traiga sobre nosotros
un espíritu nuevo que reconozca el Corazón de Jesucristo y que lo haga
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