martes, 18 de abril de 2017

Acurrucados







La escuela de Jesucristo es distinta, mis amigos. ¡La escuela de Jesucristo es distinta! Ojalá lo aprendamos pronto.
La escuela de Jesucristo es distinta, por eso hay que pedirle a Dios, Nuestro Señor, que nos conceda dolor, que nos conceda un corazón que sienta, un corazón que pueda arrepentirse, un corazón que pueda ir a acurrucarse en la Llaga del Costado de Cristo.
Claro que sentir dolor no es agradable. Pero, si tú acurrucas, si tú acunas, si tú arrullas tu dolor en las Llagas de Jesucristo y le dices a Él: "¡Misericordia! ¡Misericordia! ¡Ayúdame!"
Hay que pedirle junto con esos sentimientos, el primero de los sentimientos que nos puede salvar, y es la dulce y amorosa confianza en el amor de Él.
No tener ese amor, no puede sentir. Si hay una luz, mira, si hay aunque sea una cerilla, una cerilla de fe en ti, si hay aunque sea una lucecita de este tamaño, aunque sea así, aunque sea sólo éso, con esa sóla luz que tú tengas de fe en Jesucristo, con esa sóla luz, dile: "Yo quiero creer en ti.
La persona que sienta dolor, prefiero gente que pueda humillarse ante Dios y decirle: "Sí, me equivoque de ti vendrá mi salvación. Lo que ha sido mi vida hasta ahora no es lo que tú querías. ¡Enséñame tú, Señor, enséñame! ¡Instrúyeme! Instrúyeme en la senda de tus mandatos."
Nos invita a orar, nos invita a convertirnos, nos invita a dolernos de nuestros pecados, nos invita a admirar el tamaño del amor de Jesucristo.
 Pedimos a Dios, Nuestro Señor, que nos dé corazones distintos.
Pase su compasión en nuestro Corazón de Cristo.,compasión en su corazón por los más pobres, por los más pequeños".
Mi Señor es Jesucristo, mi estilo es Jesucristo, mi manera es la de Jesucristo. Yo quiero que sea así con todas las fuerzas de mi alma, tengan también toda su admiración, todo su amor para Jesucristo y para todos los que aman a Dios, al Dios y Padre de Nuestro Señor, y tienen compasión por los más pequeños.
Para todos aquellos que sufren, para todos aquellos que tienen corazones capaces de llorar y de sonreír, bienaventurados esos corazones.
San Mateo;en el capítulo veintiséis. ¿No te parece escuchar en el fondo la voz de Cristo que dice: "Bienaventurados los que lloran"? San Mateo 5,4.
"Bienaventurados los que sufren" San Mateo 5,10. Claro, ésos tienen corazón. "Bienaventurados los que trabajan por la paz" San Mateo 5,9. "Bienaventurados los perseguidos" San Mateo 5,10.
Razòn tiene Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Al final del Evangelio se vuelven a escuchar las Bienaventuranzas. "Bienaventurados ellos" San Mateo 5,11.
Llamar bienaventurados a los que tienen ese amor de Dios y esa compasión con llanto en su corazón.
!Que Dios, Nuestro Señor, traiga sobre nosotros un espíritu nuevo que reconozca el Corazón de Jesucristo y que lo haga 

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