Su amor nos precede, su mirada se
adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá
del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Sabe ver más allá de la
categoría social a la que podemos pertenecer. Más allá de todo eso, Él
ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el
pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Es nuestra
dignidad de hijos. Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se
sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús,
dejemos que su mirada recorra nuestras calles, dejemos que su mirada nos
devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida.
Después de mirarlo con
misericordia, el Señor le dijo a Mateo: «Sígueme». Y Mateo se levantó y lo
siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. Mateo ya no
es el mismo; interiormente ha cambiado. El encuentro con Jesús, con su amor
misericordioso, lo transformó. Y allá atrás quedó el banco de los
impuestos, el dinero, su exclusión. Antes, él esperaba sentado para
recaudar, para sacarle a otros, ahora con Jesús tiene que levantarse para dar,
para entregar, para entregarse a los demás. Jesús lo miró y Mateo encontró la
alegría en el servicio. Para Mateo, y para todo el que sintió la mirada de
Jesús, sus conciudadanos no son aquellos a los que «se vive», se usa y se
abusa. La mirada de Jesús genera una actividad misionera, de servicio, de
entrega. Sus conciudadanos son aquellos a quien él sirve. Su amor cura
nuestras miopías y nos estimula a mirar más allá, a no quedarnos en las
apariencias o en lo políticamente correcto.
Jesús va delante, nos precede,
abre el camino y nos invita a seguirlo. Nos invita a ir lentamente superando
nuestros preconceptos, nuestras resistencias al cambio de los demás e incluso
de nosotros mismos. Nos desafía día a día con la pregunta: ¿Crees? ¿Crees que
es posible que un recaudador se transforme en servidor? ¿Crees que es posible
que un traidor se vuelva un amigo? ¿Crees que es posible que el hijo de un
carpintero sea el Hijo de Dios? Su mirada transforma nuestras miradas, su
corazón transforma nuestro corazón. Dios es Padre que busca la salvación de
todos sus hijos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario