jueves, 20 de abril de 2017

Poder





Pentecostés es un fruto de vida, Pentecostés no es simplemente una teoría; el Espíritu Santo no es únicamente una facilidad para llegar a aprender cosas. Por supuesto que el Espíritu ilumina nuestra inteligencia, pero es ante todo una corriente vital, es la energía de Dios actuando en nosotros, pero no es una parte de Dios ni es un atributo de Dios, es Dios mismo, es la tercera Persona de la Trinidad.
Misterio muy grande del cual tendremos que hablar varias veces durante el tiempo pascual. Por ahora es importante que tengamos en cuenta que el Espíritu Santo no es una idea que nosotros tenemos, sino una fuerza de vida, llega a todo lo que nosotros somos, y que por consiguiente transforma también lo que hacemos.
 Es hermoso ver, que después de que Pedro habla, entonces la Biblia nos lo presenta actuando: en el capítulo dos está Pedro predicando, y en el capítulo tres, que es propio  de la Octava de Pascua, nos encontramos a Pedro actuando. El poder del Espíritu le lleva a hacer una obra maravillosa: a curar a un hombre que estaba paralítico desde hacía muchísimos años, un hombre paralítico de nacimiento, uno que no podía andar.
Este que estaba condenado a vivir en la esclavitud y como un prisionero de su propia limitación, pues puede regocijarse, puede cantar, puede saltar, puede danzar con el nuevo poder, con la nueva fuerza que recibe de Dios.
Esta imagen, la imagen del paralítico que entra cantando y saltando y danzando, esta imagen tiene que quedar impresa en nosotros para que sepamos lo que es Pascua. Pascua es eso: Pascua es llenarse de esa vida, Pascua es recibir esa fuerza, Pascua es sintonizar con Dios y es percibir la melodía, la alegría misma de Dios.
Dios es alegre, Dios es santo, Dios es bueno, Dios transforma todo lo que somos y tenemos.

A Él la gloria por los siglos.

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