sábado, 8 de abril de 2017

2 Timoteo 1,6




Cuando se habla de la gracia y la paz, saludo muy común que tiene San Pablo, es sus cartas: gracia y paz.
Es hermoso pensar en estos dos dones de Dios, porque los necesitamos continuamente : necesitamos renovar en nosotros la acción de la gracia. "¡Renueva en mí tu gracia!" Esta oración la tenemos que hacer. Algo parecido de lo que le decía Pablo a Timoteo, le decía: ”Reaviva el don de Dios” 2 Timoteo 1,6.
El primero de los dones de Dios es la gracia. Pedimos al Señor que reavive su gracia en nuestras vidas, que nos permita vivir en la experiencia de su amor gratuito, eficaz, poderoso, luminoso; que nos conceda la gracia de su misericordia.
Son tres palabras: gracia, misericordia y paz, dijo San Pablo, esas tres palabras forman como un camino. La gracia es el primero, la paz es el último, pero en la mitad, necesitamos misericordia.
Lo podríamos asociar con nuestra vida: si hay un momento en nuestra vida que lo pudiéramos llamar de conversión, una conversión en la vida, ese fue el momento de la gracia .
Cuando llegue la hora de la muerte, la hora de la muerte, tiene que ser la hora de la paz, “la hora de la muerte es la hora de la paz”, ese es el morir del cristiano, porque es el momento de acceder a todos los dones, pues entre la conversión y la muerte hay un camino, y en ese camino la misericordia.

Por eso en esas tres palabras, hay como una especia de programa de vida espiritual :¡Renueva en mí la gracia que me diste cuando pude volver mis ojos hacia ti, Señor; renueva e mí la experiencia de tu misericordia, para vivir en gratitud a ti y para vivir con compasión, con solidaridad con mis hermanos; y concédeme, cada vez más, el don de la paz!".  La gracia de nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio: "La mies es abundante, pero los obreros pocos" San Lucas 10,2.

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