Cuando
se habla de la gracia y la paz, saludo muy común que tiene San Pablo, es sus
cartas: gracia y paz.
Es
hermoso pensar en estos dos dones de Dios, porque los necesitamos continuamente
: necesitamos renovar en nosotros la acción de la gracia. "¡Renueva en mí tu
gracia!" Esta oración la tenemos que hacer. Algo parecido de lo que le
decía Pablo a Timoteo, le decía: ”Reaviva el don de Dios” 2
Timoteo 1,6.
El
primero de los dones de Dios es la gracia. Pedimos al Señor que reavive su
gracia en nuestras vidas, que nos permita vivir en la experiencia de su amor
gratuito, eficaz, poderoso, luminoso; que nos conceda la gracia de su
misericordia.
Son
tres palabras: gracia, misericordia y paz, dijo San Pablo, esas tres palabras
forman como un camino. La gracia es el primero, la paz es el último, pero en la
mitad, necesitamos misericordia.
Lo
podríamos asociar con nuestra vida: si hay un momento en nuestra vida que lo
pudiéramos llamar de conversión, una conversión en la vida, ese fue el momento
de la gracia .
Cuando
llegue la hora de la muerte, la hora de la muerte, tiene que ser la hora de la
paz, “la hora de la muerte es la hora de la paz”, ese es el morir del
cristiano, porque es el momento de acceder a todos los dones, pues entre la
conversión y la muerte hay un camino, y en ese camino la misericordia.
Por
eso en esas tres palabras, hay como una especia de programa de vida
espiritual :¡Renueva en mí la gracia que me diste cuando pude volver mis
ojos hacia ti, Señor; renueva e mí la experiencia de tu misericordia, para
vivir en gratitud a ti y para vivir con compasión, con solidaridad con mis
hermanos; y concédeme, cada vez más, el don de la paz!". La gracia de nuestro Señor Jesucristo en el
Evangelio: "La mies es abundante, pero los obreros pocos" San Lucas 10,2.
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