Las
llagas de Cristo son como la escritura en la que Dios dejó grabadas todas las
miserias del la humanidad. Pero todos esos pecados de la humanidad quedaron en
Cristo, pero quedaron ya vencidos.
Por
eso cuando nosotros miramos hoy a Cristo crucificado es como mirar al pecado,
pero un pecado que ya no nos hace daño.
Él
está hablando del Dios que dijo "Yo Soy el que Soy" Exodo 3,14. El
sentido primero de las palabras del Señor es ese: "El que te ha hablado de
tantos modos, el que te ha buscado de tantas maneras, el que ha tenido tantas
providencias y caminos contigo, de pronto está aquí frente a ti: Yo Soy."
Esta
experiencia transforma el corazón; esa es la experiencia de comulgar. Comulgar
es eso, recibir la Eucaristía es eso, no es entonces solamente una señal o un
símbolo, es una realidad. Me uno a Jesús, me encuentro con la Fuente, me
sumerjo y bebo del manantial que no se agota, este es Jesucristo. Feliz el que
se encuentra así con Él.
Por
que así como el Padre no se separa del Hijo, el Hijo, no se separa de aquellos
a los que alimenta y por eso dice la primera Carta de Juan: "Os hemos
escrito esto para que estéis en comunión con nosotros, y nuestra comunión es
con el Padre y con el Hijo" 1 Juan 1,3.
El
amor es unitivo: el Padre envía al Hijo y no se separa del Hijo, el Hijo nos
alimenta y no se separa de nosotros y así un mismo amor, un mismo Espíritu, una
misma unidad nos mantiene en comunión. El padre Dios dando vida y nosotros
recibiendo esa vida. Grandes son estos misterios.
Que
nosotros, como el Señor Jesús, hagamos siempre lo que le agrada a Papá Dios y
su vida esté en nosotros, crezca en nosotros y dé su fruto en nosotros.
"Tú
eres la que no eres, yo soy el que soy"; y así lo enseñó muchas veces
Catalina. Decía muchas veces de ella misma: "Yo soy la que no soy y tú
eres el que es".
Descubrir
que Dios es, descubrirlo de modo superlativo, descubrirlo como apoyo y sustento
de la vida y descubrir que todo lo que es subsiste sólo por esa Palabra
poderosa que es con Él, que es Él.
Descubrirnos
entonces subsistiendo en Él por su continuo querer y por su continuo poder. En
esto está toda nuestra salvación.
Esto
nos hace al mismo tiempo, humildes y vencedores, nos hace modestos y
victoriosos, nos hace santos y nos hace perseverantes. Descubrirnos
perpetuamente subsistiendo sólo por Él, sólo desde Él, sólo en su voluntad, en
su sabiduría y en su poder.
Y
aquí está toda nuestra victoria, ¿por qué? ¿Quién tiene poder contra el poder
de Dios? De acuerdo con este camino espiritual de Catalina, las estrategias o
los ataques del demonio se estrellan y huyen avergonzados frente a la potencia
del designio divino que es el que sostiene.
Todos
los engaños de las criaturas, es decir, del mundo, de la carne, desfallecen
frente a la certeza de que Dios es mi fuente, es mi soporte, es mi origen.
De
acuerdo con Catalina de Siena, este descubrimiento espiritual existencial y
místico se vive en el conocimiento de sí mismo, el conocimiento de sí mismo en
Dios y el conocimiento de Dios en nosotros. Y por eso quería Catalina
que nosotros permaneciéramos en el dulce conocimiento de nosotros mismos y de
Dios.
Permanecer
en el conocimiento de nosotros mismos es permanecer en la verdad de que sólo
Dios es y de que su Palabra poderosa nos da el ser, nos conserva en el ser y
nos lleva a la plenitud de ser junto a Él.
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