Sólo
Cristo es vencedor de la muerte, sólo Jesucristo; lo que no sea de Cristo en mi
vida, sufrirá la corrupción, sufrirá el desgaste, se hundirá en la noche, se
perderá en la muerte; lo que haya de Cristo en mí eso es lo que tiene vida
eterna.
Cada
uno revise su corazón, cada uno revise cuánta resurrección tiene, cuánto de
vida eterna tiene. Ahora podemos entender mejor las palabras de Jesús en el
capítulo sexto de San Juan:"El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene
vida eterna" San Juan 5,54; "y quien no come mi
cuerpo ni bebe mi sangre no tiene vida eterna" San Juan 6,53.
Cristo
es el único que vence a la muerte; si ese Cristo habita en mí, en aquello mío
que es de Él, ahí tengo vida; sólo en aquello mío que es de Él ha triunfado la
Resurrección y eso durará por la eternidad.
La
invitación es comulgar a conciencia, recibir la Eucaristía queriendo que ese
Cristo llene todo nuestro ser, colme por completo nuestro ser para que nosotros
tengamos vida abundante; el mismo Jesús lo dice en San Juan: "Yo he venido
para que tengan vida, y vida abundante" San Juan 10,10.
Señor
Jesús, infunde tu Espíritu en nosotros, sé tú el dueño de nuestro corazón y de
nuestra vida; ven a reinar, Cristo glorioso, ven a reinar, Cristo resucitado,
en cada una de las células de nuestro ser, en cada una de las palabras de
nuestra boca, en cada uno de los sentimientos de nuestro corazón, en cada uno
de los pensamientos de nuestra cabeza".
"Ven
a reinar, Señor; nosotros no podemos, después de conocerte, Señor, hemos sido creados para el banquete de
la vida, para la resurrección gloriosa, para entrar a reinar siempre
contigo".
"Infunde
tu Espíritu, ese Espíritu en nosotros; danos la certeza y la verdad de la
Resurrección, y haz que todo en nosotros, unido a ti, tenga vida en tu
Nombre".
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