Es
el sentido que nosotros le damos al Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento
se cumple, alcanza su significado únicamente en Jesucristo.
El Antiguo Testamento es la preparación
pedagógica que nos ayuda a reconocer la necesidad de Jesús. Leyendo esos textos
del Antiguo Testamento aprendemos a reconocer nuestro propio corazón, y
aprendemos a sentir hambre y necesidad de Cristo.
El
Antiguo Testamento no puede ser un desconocido; pero el Antiguo Testamento
tampoco puede ser un absoluto, como si fuera una historia que ya quedó
completa, o como si fuera suficiente. El Antiguo Testamento es anuncio, es
promesa, es expectativa.
En
lo que tiene que ver con el Antiguo Testamento, la Biblia nos invita, al
presentarnos a San Pedro predicando, mirar esta porción de la Biblia, no como
un desconocido, tampoco como un absoluto; es un camino, es un proceso, y en ese
proceso estamos tú y yo, en ese proceso vamos reconociendo cada vez más, cada vez con mayor
lucidez nuestra necesidad de Jesús, para que luego sea el mismo Jesús el que le
dé plenitud a esa búsqueda, a esa hambre, a esa inquietud.
Cristo
es el centro de la Escritura, Cristo ilumina la comprensión de toda la Biblia,
y la Biblia nos permite mirar hacia Jesucristo. Se iluminan mutuamente. Cristo
Palabra de Dios, la Biblia Palabra de Dios; Cristo implícito en la Escritura,
la Escritura proclamando el misterio de Cristo.
El Antiguo Testamento: sino mirarlo como un
camino, mirarlo como un recorrido que apunta finalmente hacia esta figura de
Jesús y que en ella encuentra totalmente su cumplimiento.
Que
los Hechos de los Apóstoles, nos animen a descubrir la belleza, la gloria de
Jesucristo, a sentirnos felices en Él, a comprender un poco mejor cuál es la
herencia, el regalo que hemos recibido, y aprovecharlo nosotros y compartirlo
con nuestros hermanos.
Amén.Alegrìa
Paz y Misiòn.
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