sábado, 8 de abril de 2017

Monumental

Es una fe monumental, es es una fe gigantesca, es la fe que se pone completamente al alcance del poder de Dios, y esta es la fe que logra los milagros verdaderamente notables.
Pero no termina aquí la grandeza de esa alma iluminada por la gracia. "Yo sé que resucitará en la resurrección del último día"San Juan 11,24, dice ella, con lo cual estaba diciendo también, su esperanza.
En cierto sentido, la esperanza es casi más grande que la fe. Porque la esperanza sabe que no alcanzará el objeto de su anhelo, sino después. En cambio, ante una fe gigantesca como ésta, las obras aparecen por decirlo así, inmediatamente.
La fe tiene su conexión profunda con la esperanza. Pero, repito, en cierto modo la esperanza gana, en cierto modo la esperanza es mayor, porque la esperanza ni siquiera necesita la victoria ahora. Es como una seguridad que vence incluso al tiempo.

De las tres virtudes teologales, quedó faltando una. Quedó faltando el amor; no porque le faltara a Marta, sino porque en esa virtud del amor, seguramente tenía que ser aún más enseñada por la contemplación y por la escucha, como lo dice el famoso pasaje de Marta y de María. Cecilia Kaye Loney Praying in the Divine Will gives you the ability to redo you life and other souls life's as well.
Creo que sí aprendemos. De una fe gigantesca y de esta esperanza inmensa, el Señor, por su gracia, nos concederá el Espíritu. Porque Él mismo dijo, que, "¿cómo iba a negar el Padre Celestial al Espíritu Santo a quienes se lo pidiéramos?" San Lucas 11,13.
sta Eucaristía. Y pidámosle que tengamos los ojos abiertos a las con
Acordaos, oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que haya acudido a Vos, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, oh Virgen, Madre de la vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra  presencia Soberana. No desechéis oh purísima Madre de Dios mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas favorablemente. Amén
secuencias de nuestros actos, que nadie las va a detener; pero al mismo tiempo que nos dé la gracia de ser sanados de las antiguas heridas, y de no repetir los pecados pasados.

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