jueves, 20 de abril de 2017

Abra





Es necesario que sea el mismo Resucitado el que abra el entendimiento y el que abra las Escrituras; es necesario que sea Él mismo el que se presente, porque de otra manera, como ya les había sucedido a los discípulos de Emaús, según escuchábamos en le evangelio , de otra manera no logramos reconocerlo.
Nuestros ojos embotados por las decisiones de la historia y por tantas expectativas frustradas, no logran creer el tamaño de esta alegría.

Que sea entonces el mismo Cristo el que nos abra el entendimiento y el que abra las Escrituras y el que deje pasar, con fuerza, la luz de su Resurrección en nuestra propia vida. Así comprenderemos que precisamente eso que le sucedió a Él, es primicia, es anuncio, es comienzo de lo que después sucederá a todos nosotros los que creemos en Él.

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