Qué
maravilloso descubrir esa bondad, para aprender a extrañarnos de la maldad. Qué
bueno celebrar que Dios es bueno, para caer en la cuenta de que el mal es
siempre un extraño y el pecado es siempre un indeseable; y las tinieblas y la
muerte no pueden tener la última palabra, si Dios tuvo como primera palabra su
bondad, el bien de su amor, de su poder y de su sabiduría.
El
Cantar de los Cantares había dicho que el amor es fuerte como la muerte. Hoy
descubrimos que el amor es más fuerte que la muerte. Gozosos por ese amor,
felices por ese amor, celebramos al que va delante de todos nosotros en un
camino de luz, de esperanza, que hace que nuestra vida sea diferente.
¡Bendito
sea Jesucristo; santo es Jesucristo; amado es Jesucristo; bello es Jesucristo;
Cristo es la verdad, Cristo es la misericordia, Cristo es el amor!
En este momento sentimos cómo la
dulzura del amor de Cristo se está derramando en sus corazones, porque fue por
nosotros y por nuestra salvación que Cristo llegó hasta el extremo de la cruz.
¡Señor
Jesús, hoy hemos visto tu muerte, hoy hemos visto tu cruz, hoy hemos visto tus
lágrimas, hoy hemos visto tu Sangre, hoy hemos visto tu amor.
Por
eso Jesucristo, juntos, porque tu amor nos reúne, te queremos decir:
"Gracias Jesús, gracias por ese amor, gracias por esas lágrimas, gracias
por esa Sangre, gracias por esa cruz, gracias por esa muerte. Porque con tu
muerte nos has dado la vida que no acaba.
Esta
es la tarde en la que Dios le dice a cada corazón: “Que te amo, hombre”; “que
te amo, mujer.” En esta tarde Cristo descansa como descansa el enamorado cuando
por fin ha podido declarar su amor a la novia.
En
esta tarde Cristo descansa de su esfuerzo, y descansa de su anhelo, porque por
fin puede decir cuánto ama. Lo que no alcanzaba a decir ninguno de sus
milagros, lo que no podía condensar ninguna de sus predicaciones, lo que no
podía caber en ninguna de sus miradas, eso lo va a poder expresar, totalmente,
dándose todo.
Este Enamorado puede decir su amor; este Esposo le puede
decir a su esposa: “Te quiero, te amo, te amo, desde el fondo de mi alma. Te
quiero muchísimo, y eres preciosa ante mis ojos.”
Ya
lo había dicho por boca de los profetas, ya había dicho, ciertamente: “Aunque
una madre se olvide del hijo de sus entrañas, yo nunca me olvidaré de ti” Isaías 49,15.
“Te llevo tatuada en mi mano” Isaías 49,16; ya había dicho, por boca del profeta Oseas que “iba a
cortejar nuevamente a su pueblo, como una novia llevándosela al desierto, y que
sería enteramente suya” Oseas 2,16.
Hacía falta que nuestros ojos torpes y distraídos, pudieran verlo así; y
nuestros oídos incrédulos y endurecidos, pudieran escucharlo así, pues ya más
no podía dar. "Os amo". "Tomad y comed” San Mateo 26,26.
No hay signo más perfecto de posesión y de donación que la comida.
Ese lenguaje de la comida pertenece también al lenguaje de la relación
amorosa, porque no puede imaginarse unión más estrecha que la del comerse al
amado, el comerse a la amada.
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