San Lucas tiene relatos como el relato de la oveja
perdida, el hijo pródigo y tantos otros en que a parece, de modo singular, esa
delicadeza del Corazón de Jesucristo; una delicadeza, una piedad capaz de
invitarnos, de convocarnos a todos, a repetir el gesto del hijo pródigo; a
dejarnos encontrar, si somos ovejas perdidas, y a llorar a los pies de Cristo,
si hemos pecado mucho.
Esa
frase que dice Jesucristo, es una doble enseñanza, o en realidad, son dos
frases: ""sus muchos pecados están perdonados porque tiene mucho
amor"
San
Lucas 7,47. El sentido es que el amor atrae el perdón. Y luego dice: "Pero
al que poco se le perdona, poco ama" San Lucas 7,47, indicando que el
perdón es causa de amor.
Amor
y perdón son el uno causa del otro; el amor produce perdón, y el perdón produce
amor. Tal vez después del pecado, lo que podemos decir es que amor y perdón son
como dos expresiones de lo mismo. Dios no puede amar intensamente al pecador y
realizar ese amor, cumplir la obra del amor en él, sin perdonarlo; y el pecador
no puede sentir el amor de Dios, sino a través de esa maravillosa obra que hace
el perdón.
Aprendamos
nosotros que el amor perdona pecados, aprendamos que el amor nos devuelve a la
óptica de Dios, al estilo de Dios; el amor regenera la vida, y eso es útil para
saber qué hacer con nuestro pecado; pero también aprendemos que si a veces
estamos tibios o mediocres, la razón está quizá en que poco se nos ha
perdonado. Pero si uno se pone a pensar esa frase, en realidad lo que indica
es, poco conscientes somos de todo lo que se nos ha perdonado.
Roguemos
a Dios que siempre, pero especialmente en el sacramento de la Eucaristía, nos
abra los ojos al valor de la Sangre que fue derramada por nuestro perdón, para
que sepamos cuánto se nos ha perdonado y para que nos llenemos de amor.
La fe, es como una semilla en lo
profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia
Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios;
entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la
palabra de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho entrar en la relación de
amor y de vida que hay entre Jesús y Dios Padre. Y ahí nosotros recibimos el
don, el regalo de la fe
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