Pero
este Siervo de Dios tiene firmeza y tiene misericordia; es radical y sin
embargo compasivo. Saber unir estas cualidades o estas virtudes distintas no es
fácil para nosotros, pero sí es fácil para el Espíritu de Dios que es suave
como aceite que penetra, y es fuerte como una unción que nos empuja, que nos
mueve, que nos transforma.
En
muchas cosas de las que hemos escuchado hoy. Se ve en que "es aquel que va
a traer el derecho a las naciones" Isaías 42,1, no es poca misión esta.
Enderezar
una nación es cosa de héroes; traer el derecho a las naciones sólo Dios puede
hacerlo. Pero este que va a traer el derecho, "no gritará, no clamará, no
voceará por las calles" Isaías 42,2.
No está su poder en la muchedumbre congregada;
no está su poder en el favor o en la popularidad; no está su poder en la
convicción de una oratoria; no está su poder en el apoyo de los poderosos que
siguen los pueblos; su poder está en otra parte, y sin embargo, "traerá el
derecho a las naciones" Isaías 42,1.
Es
así de fuerte y sin embargo sabe mirar como con cariño "la caña cascada,
el pabilo vacilante" Isaías 42,3, sabe mirarlo como con cariño;
no extingue al pequeño; tiene ojos para el pequeño; tiene corazón para el más
necesitado; tiene un alma capaz de compadecerse y de ver a aquel que flaquea;
no tiene la presunción de los fortachones; no tiene la fanfarronería de los
victoriosos, como los conocemos en esta tierra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario