miércoles, 12 de abril de 2017

Isaìas 42,1






Pero este Siervo de Dios tiene firmeza y tiene misericordia; es radical y sin embargo compasivo. Saber unir estas cualidades o estas virtudes distintas no es fácil para nosotros, pero sí es fácil para el Espíritu de Dios que es suave como aceite que penetra, y es fuerte como una unción que nos empuja, que nos mueve, que nos transforma.
En muchas cosas de las que hemos escuchado hoy. Se ve en que "es aquel que va a traer el derecho a las naciones" Isaías 42,1, no es poca misión esta.
Enderezar una nación es cosa de héroes; traer el derecho a las naciones sólo Dios puede hacerlo. Pero este que va a traer el derecho, "no gritará, no clamará, no voceará por las calles" Isaías 42,2.
 No está su poder en la muchedumbre congregada; no está su poder en el favor o en la popularidad; no está su poder en la convicción de una oratoria; no está su poder en el apoyo de los poderosos que siguen los pueblos; su poder está en otra parte, y sin embargo, "traerá el derecho a las naciones" Isaías 42,1.

Es así de fuerte y sin embargo sabe mirar como con cariño "la caña cascada, el pabilo vacilante" Isaías 42,3, sabe mirarlo como con cariño; no extingue al pequeño; tiene ojos para el pequeño; tiene corazón para el más necesitado; tiene un alma capaz de compadecerse y de ver a aquel que flaquea; no tiene la presunción de los fortachones; no tiene la fanfarronería de los victoriosos, como los conocemos en esta tierra.

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