sábado, 15 de abril de 2017

Torrente

Cristo puesto a declarar su amor tiene que decir: “Tomad y comed. Este es mi cuerpo” San Mateo 26,26, pero ese torrente de amor que se instituye como caudal de gracia para todo el que crea, ese torrente de amor no puede detenerse en ti.
Ese es el mandamiento del amor, no es una obligación adicional que Dios le pone a nuestras vidas, no es como decir: "¿Ustedes se acuerdan bien de los diez mandamientos?” "Sí nos acordamos." "Pues ahora les voy agregar otro mandamiento".
Casi me atrevo yo a decir que, más que un mandamiento positivo, es la prohibición de detener la inundación de la gracia.” “Me estoy desbordando”, dice Jesucristo; “Me estoy saliendo de mí, cománme, bebánme, y no detengan este amor. No lo detengan.”
Parece que de alguna manera su naturaleza humana no resistiera la presión del infinito amor; no resistiera la presión de siglos de espera de Dios, y de la humanidad.
Por eso le dice a los discípulos: “Aménse" San Juan 13,24; "ya que yo les amo, ahora no paren el amor en ustedes; ya no lo detengan, ya dejen que esta corriente se adueñe de todo el universo". Por eso en este día en que se celebra la institución de la Eucaristía, recordamos también el mandamiento nuevo del amor.
Es un mandamiento nuevo, y mandamiento antiguo, ya Dios lo había dicho: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Levítico 9,18. ¿Qué es lo que tiene de nuevo ahora? Que ahora lo dice Cristo: “Como yo os he amado” San Juan 13,24; de modo que aquello que ha sucedido en ti, siga sucediendo en otros, y en otros.
Para que ese mandamiento se pueda cumplir, Cristo ha escogido a sus discípulos; ahora, ya Cristo no tiene dos manos, tiene veintiséis manos.
Cristo escogió a los discípulos como prolongación de su misericordia. Entendamos, hermanos, que Cristo no hacía sino pensarle caminos al amor.
 Los sacerdotes, pecadores y pescadores, y les mandó que prolongaran el testimonio de ese amor, hoy se nos revela, entonces, en esta Cena del Señor, hoy se nos revela también la maravilla, la grandeza, el inconmensurable don del sacerdocio.
Porque familias hay que alaban la grandeza del sacerdote, pero apenas un hijo manifiesta inclinación hacia ese tipo de vida, "hay que desanimarlo".
Amigos míos, abramos nuestros corazones y nuestras vidas al tamaño de la inundación de amor que Dios ha traído en Jesucristo. Tengamos despiertos nuestros ojos y oídos a lo que va a suceder en estos días.
Alabemos a Dios por el don del sacerdocio, por el don de la Eucaristía. Recibámosle su amor y no lo frenemos en nosotros, porque el agua que cuando corre se mantiene limpia y alegre y hasta perfumada, cuando se detiene y empoza, coge mal olor.
Hoy nosotros, que somos Iglesia de Jesucristo, le recibimos su amor; hoy dejamos que su torrente nos limpie, y nos dispone
"Aleluya", esta era la palabra que se nos había prohibido pronunciar durante de la Cuaresma. "Aleluya", esta era la palabra que no podíamos cantar. ""Aleluya, la palabra que inicia la danza de la Pascua. ""Aleluya, la palabra que brota de lo profundo del sepulcro.  
Creer que ser santo es ser bueno. Que la santidad depende de una serie de buenas obras que podemos hacer al prójimo. Tener paciencia ante las adversidades, las relaciones comunitarias, o responder a todas las cosas que se manden con un sí, casi de manera automática, sin manifestar ningún reproche y sin cuestionar nada.
Es un hecho que cada vez se está practicando más el voluntariado en muchas áreas de la Iglesia,voluntariados que, en muchos casos, ensalzan un valor ético de los actos, pero sin otorgarle un sentido evangelizador. El papa Francisco no se cansa de repetir que la Iglesia no es una ONG, sino que debe ser signo de salvación y de esperanza para los pueblos. La Iglesia debe hacer caer en la cuenta de que cada persona es hija de Dios amada por su padre, que es Santo y que quiere que cada uno de sus hijos también lo sean. El llamado que hace Cristo no es a ser buenos, sino a ser santos; una llamada a la santidad que se da dentro del camino del discipulado Mt10,1-4 Releyendo, los relatos del pueblo de Dios en el desierto, se percibe que la misericordia y la santidad de Dios muchas veces le son motivo de temor más que de esperanza. El pueblo, en estas tradiciones, tiene miedo de vivir en la voluntad de Dios. Cada vez que se debe enfrentar a algo que no domina cae en la tentación de querer volver a Egipto, al anterior estado, a la casa de la esclavitud, como relata el Libro del éxodo. El pueblo tiene miedo a ser libre: le tiene miedo a la libertad.
De igual manera, esto puede suceder en el camino del discipulado, más aún en la vida consagrada. La llamada, si no está bien madurada, puede que sea un motivo para tener miedo y para acomodarse en el cumplimiento de ciertas reglas, sin vivir la realidad, que es Dios (su santidad) en la vida personal. Es por esto que la insistencia en la vida discipular sea irremediablemente a la santidad. Este camino de la santidad, en clave cristiana, es el ‘camino de la cruz’.
El que seamos llamados por Jesús para ser sus discípulos es un llamado a estar aparte, a ser propiedad de una persona, a no pertenecer más a sí mismo para pertenecer a aquel que nos llama. En esta separación se halla la raíz de la palabra santidad .
Toda la espiritualidad bíblica, especialmente en el Antiguo Testamento, recalcaque la santidad no es tanto una santidad individual, cuanto una santidad relacional, de búsqueda, de experiencia comunitaria de la presencia de Dios; es decir, una santidad en el corazón mismo de la vida. Jon Sobrino llamó a esto ‘santidad de vivir’, diciendo: Me gusta pensar que en esa decisión primaria de vivir y dar vida aparece una santidad primordial, que no se pregunta todavía si es virtud u obligación, si es libertad o necesidad, si es gracia o es mérito. No es la santidad reconocida en las canonizaciones, pero bien la aprecia el corazón limpio. No es la santidad de las virtudes heroicas, sino la de una vida realmente heroica. No sabemos si estos pobres que claman por vivir son santos intercesores pero mueven el corazón. Pueden ser santos pecadores, si se quiere, pero cumplen insignemente con la vocación primordial de la creación: son obedientes a la llamada de Dios a vivir y dar vida a otros, aun en medio de la catástrofe. 
Cada uno de vosotros, tiene una imagen de ese "",aleluya de ese gozo y de esa luz, en esa luz que está en vuestras manos, mirad por un instante esas luces, mirad lo que significa el misterio de esa luz, que es más fuerte que la noche de esa gracia, de ese regalo.
Nosotros, seguramente en nuestras casas tenemos mil modos de encender cirios o velas, acogiéndonos al símbolo de la Iglesia, hoy todos hemos querido alimentarnos de la luz del cirio pascual, para aprender también, mediante este sencillo signo, que la luz, que toda la luz nos ha llegado como regalo con la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo.
Bendito Dios que nos concede celebrar esta Pascua. Bendito Dios que reservó para esta hora tesoros de salvación, de luz. Bendito Dios que reservó para este momento la gracia de sus regalos, lo más cálido y estrecho de sus abrazos.
La Iglesia, que no es desagradecida con los bienes de su Esposo y Señor; la Iglesia hoy como nunca escucha la voz de Dios, hoy como nunca se arma de paciencia, y sobre todo, de corazón de discípula. Esa Iglesia, que somos nosotros hoy, con religiosa alegría, ha visto la historia de la salvación, ha visto que cómo es una historia de amor que se fue tejiendo desde el Génesis hasta la llegada de la plenitud de los tiempos con nuestro Santísimo Señor Jesucristo.
De cada una de las lecturas que hemos escuchado, de cada una podríamos tomar una frase, un pensamiento, para que la abundancia de este banquete no se quede solamente en la abundancia de palabras que golpean nuestros oídos. Estas palabras que se han proclamado aquí son las palabras que pueden alimentar sustanciosamente nuestros corazones, para que el misterio de la Pascua de Jesucristo llene, desde el centro de nuestro ser, todo lo que nosotros somos.
En la primera lectura hay un estribillo que se repite: “Dios vio lo que estaba haciendo y todo era bueno” Génesis 1,1-12. Qué maravilloso descubrir esa bondad última en todo lo que existe, qué maravilloso descubrirlo, así sea para después llorar, que todo ese mundo tan bueno se haya vuelto tan terrible.
Qué maravilloso descubrir esa bondad, para aprender a extrañarnos de la maldad. Qué bueno celebrar que Dios es bueno, para caer en la cuenta de que el mal es siempre un extraño y el pecado es siempre un indeseable; y las tinieblas y la muerte no pueden tener la última palabra, si Dios tuvo como primera palabra su bondad, el bien de su amor, de su poder y de su sabiduría.
El sacrificio de Isaac, un relato que impacta nuestros corazones. Y a toda la bondad de la creación hay que verla salpicada por el pecado y hay que ver entonces a Dios iniciando la historia de un pueblo que será el pueblo de Israel.
 “¿Dónde esta el cordero para el sacrificio?” Génesis 22,7, es una pregunta que, pronunciada diecinueve siglos antes de Cristo, sólo tendría respuesta cuando Juan Bautista, en una mañana, pudo levantar su mano y decir: “Este es el Cordero” Génesis 1,29.
Diecinueve siglos de espera, de esperanza, de ayuno, para que pudiera llegar la fiesta del banquete, para que pudiéramos tener el cordero del sacrificio, Isaac pregunta: “¿Dónde está el cordero?” Génesis 22,7. Y el cordero no está en el regazo de Abraham, no será el hijo de Abraham el que muera, será el Hijo de Dios, el Cordero está en el regazo de Dios.
Dios un día lo dará de su propio regazo, lo entregará a nosotros, para que ese Cordero, el Cordero de Dios, nos limpie del pecado, maravillosa enseñanza.
En el Éxodo, ya vemos crecer este pueblo, el pueblo de la Alianza. Moisés se ve acosado. A sus espaldas, la furia del Faraón; frente a él, la furia de las aguas; y entre esas dos amenazas, la desconfianza, el temor, la murmuración de su propio pueblo.

Moisés no tiene a nadie, sólo tiene a Dios y ruega hasta que Dios le dice: “¿Por qué me sigues rogando? Dile al pueblo que se ponga en camino” Exodo 14,15, ¿hacia dónde el camino", "hacia las aguas". "Yo separaré las aguas" Exodo 14,16. Y Moisés pone al pueblo en camino.y que hoy se esparce 

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