Dios como solamente se puede descubrir: por
la fe. San Pedro conduce la admiración hacia una realidad que es absurda, la
realidad del pecado.
En el discurso de Pentecostés, en el capítulo
segundo de los Hechos de los Apóstoles, nos dice Lucas, autor de este libro:
“Estas palabras de Pedro les traspasaron el corazón” Hechos de los Apóstoles 2,37.
San Pedro quiere, traspasar
el corazón, quiere que descubramos que es infinitamente absurda la rebeldía de
nuestra voluntad frente a Dios.
Al fin y al cabo, el lisiado no hizo nada
para nacer lisiado; pero nosotros sí hemos hecho mucho para lisiarnos; hemos
hecho mucho para volvernos paralíticos; si le parece muy extraño que haya un
paralítico, extráñese más de que haya gente, que gozando o pudiendo gozar de la
libertad de movimiento, prefiera la esclavitud de sus pecados.
¡Admírese más, extráñese más de lo absurdo
que es el que usted mismo se haga daño, que usted mismo se vuelva un
paralítico! ¡Descubra lo que usted ha hecho o pretendido hacer!
¿Cómo es que yo me meto y me someto a una
parálisis voluntaria? ¿Qué es eso? Pedro entonces lleva a la gente a haga ese
descubrimiento.
San Pedro habla con esa dureza.
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