Eltamaño de la vida cristiana, es el tamaño del Resucitado
en nuestras vidas, es exactamente el mismo tamaño; el tamaño de nuestro amor,
es el tamaño del amor al Resucitado; el tamaño de nuestra vida, es la cantidad
de Cristo que hay en nosotros; los miligramos de Cristo Resucitado que hay en
nosotros, esos son los miligramos des lo mismo que Jesús dice en el discurso eucarístico
del capítulo seis de San Juan: "El que no come mi carne y bebe mi sangre,
no tiene vida. Si coméis mi carne y bebéis mi sangre, tenéis vida Ser cristiano es
vivir de tal manera que uno pueda mirar su futuro en Cristo, y que uno pueda
mirarse a sí mismo y reconocer el pasado de Cristo en uno. Esto, precisamente
esto es ser cristiano.
Ser
cristiano es poder mirar el propio dolor y mirar lo de Jesucristo; si algún
dolor que tiene tu alma no lo alcanzas a mirar en Cristo, esa parte de tu
corazón todavía necesita ser bautizada, necesita ser evangelizada, necesita ser
convertida.
Si alguna alegría tuya no la logras vivir con la Resurrección del Señor,
esa parte de tu vida necesita ser evangelizada, necesita ser convertida,
necesita ser bautizada.
Sólo
Cristo es vencedor de la muerte, sólo Jesucristo; lo que no sea de Cristo en mi
vida, sufrirá la corrupción, sufrirá el desgaste, se hundirá en la noche, se
perderá en la muerte; lo que haya de Cristo en mí eso es lo que tiene vida
eterna; y lo que no haya de Cristo en mí, se perderá y se perderá para la
eternidad.
Cada
uno revise su corazón, cada uno revise cuánta resurrección tiene, cuánto de
vida eterna tiene. Ahora podemos entender mejor las palabras de Jesús en el
capítulo sexto de san Juan:"El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene
vida eterna" San Juan 5,54;
"y quien no come mi cuerpo ni bebe mi sangre no tiene vida
eterna" San Juan 6,53.
Cristo
es el único que vence a la muerte; si ese Cristo habita en mí, en aquello mío
que es de Él, ahí tengo vida; en aquello mío que es sólo mío, ahí tengo muerte;
sólo en aquello mío que es de Él ha triunfado la Resurrección y eso durará por
la eternidad, lo demás, llega hasta la puerta de la muerte, y ahí se queda.
La
invitación entonces es: a comulgar a conciencia, a recibir la Eucaristía
queriendo que ese Cristo llene todo nuestro ser, colme por completo nuestro ser
para que nosotros tengamos vida abundante; el mismo Jesús lo dice en San Juan:
"Yo he venido para que tengan vida, y vida abundante" San Juan 10,10.
Aquella
parte, -lo repito gráficamente-, aquella parte de tu cuerpo que no haya
recibido esa gracia, esa fuerza de parte de Cristo, está preparándose para
morir y para estrellarse contra la muerte.
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