Porque el dolor de Cristo nunca es un dolor estéril; es un dolor
que nace del amor, y es un amor que quiere nuestra transformación según el plan
de Dios.
San Juan dice: "Los galileos lo
recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén
durante la fiesta" San Juan 4,45. Es decir, hay una razón para
ese recibimiento: "Lo recibieron bien, porque habían visto lo que había
hecho" San Juan 4,45.
Jesús a este hombre, va como en el mismo
sentido: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis" San Juan 4,48. Jesús admite que
hay una fe, pero ve que esa fe sigue dependiendo de signos y prodigios.
La fe de la gente y la manera de recibir a Jesús, dependen de lo
que ven, de lo que comprueban. A mí me parece que ahí está la clave para la
comprensión de este evangelio.
Jesús es bien recibido, pero bien recibido porque habían visto,
por lo que habían visto en la fiesta, y el funcionario está abierto a la fe por
un signo, por un prodigio que espera ver. Jesús quiere ser bien
recibido, pero Jesús quiere que nazca la fe sin necesidad de ver.
Jesús le dice a ese funcionario real: "Anda,
tu hijo está curado" San Juan 4,50. "Iba ya bajando, cuando
sus criados", -los del funcionario-, "vinieron a su encuentro,
diciéndole que su hijo estaba curado"San Juan 4,51.
"Les preguntó a qué hora; le dijeron la hora, y el padre
cayó en la cuenta de que esa era la hora cuando Jesús le había dicho que estaba
curado. Y creyó él con toda su familia" San Juan 4,52-53.
Lo más interesante es que cuando Jesús le dice: "Anda, tu
hijo está curado"San Juan 4,50, el evangelio añade: "El
hombre creyó en la Palabra de Jesús"San Juan 4,50.
"Tu hijo se curó a la hora en
que Jesús te dijo que estaba curado", dice: "Él creyó con toda su
familia" San Juan 4,53.
Hay un creer inicial, una aceptación
de la Palabra del Señor. Luego viene una comprobación. El hombre comprueba, y
en ese momento el evangelista vuelve a decir: "Creyó" San Juan 4,53. Y sin embargo, la fe que
quiere Nuestro Señor Jesucristo es una fe en Él, por ser quien es.
"Un profeta no es estimado
en su propia patria"San Juan 4,44. Entonces, ¿cuál es la
estimación? ¿Cuál es la estima que espera Jesucristo?
Jesús espera ser estimado, Jesús espera ser acogido y amado por
ser quien es. Y esto supone en nosotros una purificación de la fe. Ser bien
recibido porque se han visto los prodigios, no es recibir al Profeta, es
recibir a la mata de los prodigios, el árbol de los prodigios, la fuente de los
prodigios.
Pero Jesús no quiere ser recibido como un árbol de prodigios o
como una fuente de prodigios. Jesús quiere ser recibido como el Enviado del
Padre. Porque el Padre lo envió; por eso quiere ser recibido Cristo.
Recibir a Cristo porque el Padre lo envió, es recibirlo de la
manera más perfecta. Esa es la estima, ese es el amor, esa es la acogida que Él
quiere que tengamos.
Esa es la acogida que nosotros le damos a Él en la
Santísima Eucaristía, como dice hermosamente aquella poesía de Santo Tomás de
Aquino: "Todo queda para la
fe".
Ahí no hay nada para los sentidos. Parece pan, es la especie del
pan, pero es Cristo. Ahí recibo a Cristo por ser Cristo. Recibo a Cristo,
porque mi Padre Dios me lo da. Recibo a Cristo, porque es el enviado del Padre.
Ahí no recibo a Cristo porque vaya a hacer ningún prodigio. El
único y maravilloso prodigio, que es su presencia viva, queda completamente en
la fe. Porque mis sentidos, incluso mi misma inteligencia, no alcanzan a
abrazar y a abarcar ese misterio. Por eso en la Eucaristía, Jesucristo
realmente es recibido como Él quiere ser recibido.
"Un profeta no es estimado en su propia patria" San Juan 4,44, decía Él. "Que me reciban porque yo soy
la mata de las señales y de los prodigios, que me reciban porque yo soy la
fuente de los prodigios, de los milagros y de las cosas extraordinarias, eso no
es grande. Que me reciban porque yo soy el Enviado del Padre, así es como
quiero ser recibido, así es como quiero ser amado".
Así es como la Santa Iglesia te recibe, Jesús. Así te recibimos
en la Santa Misa, así te acogemos sobre el altar. Así; porque eres el Enviado
del Padre, porque eres el Profeta que tenía que venir al mundo.
A ti, Jesús, la gloria, la
alabanza y el amor por los siglos Pero resulta que Cristo en la cruz es
absolutamente significativo. Cristo no tiene razón humana algunas de autoridad,
no la tiene, pero sin embargo, comprobamos que tiene autoridad.
Tiene autoridad sobre la naturaleza, porque le cambia la
naturaleza al agua en vino; tiene autoridad sobre la enfermedad, porque cura al
paralítico; tiene autoridad sobre el destino, porque le cambia el destino al
ciego de nacimiento, nunca habíamos visto que un ciego de nacimiento se curara.
Tiene autoridad sobre la vida y la muerte, porque resucita a
Lázaro, o sea que si miramos las siete señales de Jesucristo en San Juan, cada
vez nos muestran una autoridad mayor.
Tiene autoridad no sólo sobre la muerte, sino tiene autoridad
sobre su propia muerte, sobre su propio dolor. Tiene autoridad sobre el odio,
autoridad sobre los demonios. Él tiene todo el poder.
Porque lo que viene a suceder es esto, Cristo queda
descalificado. Cristo no tiene autoridad, Cristo es insignificante, cuando Él
va a hablar, ¿entonces de qué habla? ¿Intenta recuperar su ascedencia davídica?
Al fin y al cabo Él hubiera podido aludir, humanamente hablando, a eso, Él
hubiera podido alegar su ascendencia davídica.
"No, ustedes no me maltraten, no hablen mal de mí, soy de
ascendencia davídica, piensen que yo podría ser el Mesías". Pero vemos que
Jesús no alega su ascendencia davídica. Jesús no alega sus ratos de oración o
de meditación de la Palabra.
Jesús, cuando se cuestiona su autoridad, cuando se le
descalifica, cuando se le trata como insignificante, ¿qué hace? Habla del
Padre. Eso es lo que vemos que hace hoy: “Mi Padre sigue actuando y yo también
actúo.”
Esta respuesta que está en el pasaje de hoy, es fundamental para
la cristología de San Juan: “El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea
hacer al Padre; lo que hace Éste, eso mismo hace también al Hijo. Pues el Padre
ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que
esta, para vuestro asombro” San Juan 5,19-20.
Ese parrafito resuelve el problema de la autoridad de Jesucristo
en San Juan: “El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al
Padre” San Juan 5,19. Toda la fuente de su autoridad, todo su
poder, toda su sabiduría, todas sus señales todo proviene del Padre.
De esta manera, la insignificancia de Cristo se convierte en un
argumento a favor del mismo Cristo. "Precisamente porque yo no significo
nada", ¿qué quiere decir eso? "Que todo lo estoy recibiendo de mi
Papá".
"Que yo soy el Hijo. Si alguien que no significa nada puede
dar estos signos, es porque el Hijo está en medio de ustedes". Ese
argumento profundo de Jesucristo en San Juan, alcanza su culminación
precisamente en la Cruz.
En la Cruz queda Jesús desnudado de toda dignidad, no sólo como
judío, sino como persona incluso; así como le son quitadas sus vestiduras, así
también es desvestido de toda dignidad.
En esa desnudez, en esa carne viva de Jesucristo, lo que
aparece es: “Por mi cuenta nada puedo hacer, todo lo está haciendo mi Padre” San Juan 5,19. Esto quiere decir que el
intento de destruir a Jesucristo en la Cruz, muestra más al Padre
Si llegamos a comprender esto, hemos entrado, hemos dado el
primer paso en la sabiduría bendita de la Cruz. El intento de destruir a
Jesucristo, el intento de mostrarlo como completamente insignificante, el
intento de anularlo, hace que aparezca su verdadera vida, su verdadera fuerza,
su verdadera gracia, su verdadera relación como Hijo del Padre.
San Juan descubre algo maravilloso: que el momento de la
máxima manifestación del Padre es el momento de la máxima humillación del Hijo,
porque desaparecido todo lo humanamente significativo de Jesucristo, queda
claro que "Él nada puede hacer por su cuenta que no vea hacer al
Padre" San Juan 5,19.
Queda claro que lo que hace el Padre, eso mismo hace
también el Hijo. Y de aquí resulta todo, si hay tal unión entre entre ese Hijo
y ese Padre, quiere decir que ese Hijo recibe todo de ese Padre.
Quiere decir que la unión entre ellos
es la referencia y fuente de toda la unión entre todos los creyentes, y quiere
decir que el que se una así a Jesucristo, entonces puede hacer las obras de
Cristo, y puede hacer también las obras del Padre. ¡Que
maravilloso es Jesucristo! Con estas palabras le atacan, le insultan, y Él deja
ver en medio de esa nube de insultos, deja ver un poquito de su misterio,
seguramente, los que estaban discutiendo con Él, no entendieron nada.
Seguramente, ese lenguaje les parecía un trabalenguas, que “El
Hijo ve al Padre, y el Padre ve al Hijo; el Padre ama al Hijo, el Hijo ama al
Padre” ¿Quién iba a entender eso?
Pero, ahí dijo Cristo estas palabras, no tanto para ellos, sino
para nosotros, para que nosotros, asomándonos por esa rendija, viéramos la
unión que hay entre Cristo, y el Padre. “El Hijo no puede hacer por su cuenta
nada que no vea hacer al Padre” San
Juan 5,19.
El Padre es la referencia, el modelo, la fuente del Hijo; y el
Hijo en obediencia, y en unión de obra con el Padre, es la presencia del actuar
del Padre en medio de nosotros ¡Qué tremenda enseñanza!
Seguramente, los que estaban ahí discutiendo con Él, no le
entendieron nada; pero nosotros no somos enemigos de Cristo, somos sus amigos,
y estas palabras no las dijo Cristo para sus enemigos, más las dijo para
nosotros, para sus amigos.
“Si el Padre es la
referencia, la medida, el criterio, la fuente del Hijo; y si el Hijo hace lo
que hace el Padre, entonces el Hijo es la presencia del obrar del Padre entre
nosotros.”
El Hijo hace lo que ve que hace el Padre. La presencia del Hijo
que yo puedo ver me muestra el sentido la potencia, la sabiduría que yo no
puedo ver del Padre; el Hijo es la manifestación, como dice la carta a los
Colosenses: “Es la imagen de Dios invisible” Carta a los
Colosenses 1,15.
El Hijo nos muestra el actuar del Padre, el Hijo revela al
Padre, quien mira a Cristo está mirando al Dios
invisible, “El que me ve a mé ve al Padre” San Juan 14,9, lo dijo después Cristo a uno
de sus Apóstoles, a Felipe.
Mirar a Cristo, conocer a Cristo, contemplar a Cristo, adorar a
Cristo, eso es conocer al Padre, adorar al Padre, amar al Padre con la
diferencia de que a Cristo, al Hijo, lo vemos, al Padre no lo vemos, pero el
actuar del Hijo nos manifiesta la obra del Padre.
“El Padre no juzga a
nadie, ha confiado al Hijo el juicio de todos” San Juan 5,22, ¿por qué? Porque al Padre yo
no le veo, porque Dios Padre me desborda, me rebasa, es infinito. Yo no puedo
con el Padre.
Pero, el Hijo, Jesucristo, está a mi tamaño, a mi medida; lo
puedo ver, lo puedo aceptar, o lo puedo rechazar; lo puedo imitar, o me puedo
olvidar de Él; lo puedo amar, o lo puedo excluir de mi afecto.
El Hijo es la imagen del Padre, es la presencia
maravillosa de Aquel que no podíamos ver, pero eso significa que Aquel que sí
puedo ver, es decir, el Hijo, es el que me juzga; porque el Hijo es de mi
tamaño, porque el Hijo tiene una naturaleza como la mía, y por eso el que juzga
es el Hijo, y no el Padre.
Descubra en Cristo el misterio
de Dios. Cristo es el misterio de Dios a nuestra escala, es el misterio de Dios
a nuestro tamaño, y el que quiera entrar por la puerta, que es Cristo, se
encontrará con el Dios vivo, y verdadero.
Esa es la porción que todos recibimos, todos caminamos por el
mismo desierto, pero hay unos que caminan mirando a Jerusalén, y los que
caminan mirando a Jerusalén no sienten la misma hambre, ni sienten la misma
sed, ni sienten el mismo sol, porque saben adónde van.
La Carta a los Hebreos, con una expresión que me gusta repertir,
dice: "Tenemos nuestra ancla en el cielo" Carta a los Hebreos
6,19. Como
el barco que ya esta anclado, algo se mueve pero ahí se queda, así nosotros ya
tenemos ancla en el cielo, y algo nos mueven y nos sacuden las tribulaciones y
los problemas, pero estamos firmes en nuestra esperanza.
Sigamos el camino de la Cuaresma alabando a Dios y aprendiendo a
vivir con felicidad, porque si nos quedamos solamente mirando la arena, y
solamente mirando el mosco que me picó, y mirando el sol que me está quemando,
no vamos a llegar a nuestra meta y sí vamos a hacer pesado el camino a nuestros
hermanos.
Nosotros nos fijamos en el final, nos enamoramos de nuestra casa
y desde ya cantamos la alegría del encuentro!.
Ajames Favaud le gusta tu publicaciòn-“Pidamosle a Dios, que nos haga”
ResponderEliminarMARTA Elvira Ortiz,Santos Aberasturi,le gusta tus reflexiones Mil gracias Marìa Eugenia, Bogoslov Šćekić, Jim tre Yisus,Alexander torres, Leobardo Herrera,Avellana Diegond Antana,Jesùs megallo Johnny Cheng,Oscar de Acosta,Osvaldo Cerilo,Josè del Carmen,Alfred Valenz, Samuel Timothy,Jaime Hernàndez Solìs,Marco Pinzon,Rafael Hernàndez Uriguen,Congregacione Cristiane ortodoxa,Martin Hernàndez,Roxana Morales Muñoz, Canal Anglicano,Santiago Vaca,Charles de Focauld,Parroquia Nuestra Señora de la Divina Providencia,Jesùs Manuel Perez,Capilla de Padre Pernía -Feliz de su comunicacación-Que viva Jesús y María. Doy gracias a Dios por la extraordinaría labor en bien del ser huamano,manifestando nuestra fe,dándonos a todos/as nosotros ejemplo de fe viva de entrega confiada como María.
ResponderEliminarPadre Héctor, Bendiciones .Que belleza cuando nos damos cuenta, que la evangelización en los salesianos es el gran patio del mundo en los jóvenes así como el aula ,el campamento, la calle . Adelante Viva Jesús y María, me siento feliz de ser Dama Salesiana, cedida a las Obras Misionales Pontificias.Oraciones mutuas.
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