martes, 11 de abril de 2017

Juan 15,13.

El testimonio de la sangre es el más alto testimonio de la fe, porque “nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn. 15,13). El Señor Jesús pregunta una y otra vez a sus discípulos si están dispuestos a “beber el cáliz que yo he de beber” (Mc. 10,33-40); establece como condición de seguimiento y salvación, la disponibilidad a dar la vida por el Evangelio (Mc. 8, 34-35).

Nada tiene de extraño que desde los orígenes de la Iglesia, el testimonio del martirio fuese tan altamente valorado, tanto por los cristianos como por aquellos que, sin serlo, se cuestionaban respecto a una fe que llevaba a tanto heroísmo. San Ignacio de Antioquía es uno de los primeros mártires cristianos que asocian específicamente el martirio a la Eucaristía, pues ven en el trigo que se muele, un símil de la vida que se inmola; bajo esta comprensión, el trigo anhela ser el pan eucarístico, y así mismo el cristiano anhela ser inmolado, para estar con Cristo, sabiendo desde siempre que esto es, sin embargo, una gracia. La sangre de los cristianos surge entonces como la semilla fértil de nuevos cristianos; los mártires de los primeros tiempos comienzan a iluminar, con su vida y con su muerte, el extraordinario don del Evangelio, siendo de inmediato sujetos de la admiración y devoción de los creyentes.

Así nació el culto a los santos, a partir del culto a los mártires, y fue así que la teología de los santos padres asoció de inmediato el martirio de los cristianos al sufrimiento redentor del Mesías. Y puesto que el sacrificio del Calvario se actualiza en la celebración de la Eucaristía, pronto se introdujo la costumbre de colocar sobre la mesa del altar, las reliquias de los mártires, hasta convertirse en una norma para el acto de la consagración de los altares, que decía mucho a la comunidad católica acerca del sentido profundo de su fe y de las exigencias que profesarla tenían.

Celebrar a los mártires en el día de su aniversario, celebrando la Eucaristía, se convierte en un acto de catequesis continuo al que serán muy asiduos todos los cristianos; fiesta en que la fuerza ejemplar de los mártires se destaca, y fortalece a la comunidad en el empeño diario por ser fieles al Señor, aún en la persecución, como lo han sido estos campeones de la fe. 

Los Santos Mártires Mexicanos eran conscientes de esta sabiduría martirial cristiana; lo eran quienes, además, ejercían el sacerdocio, como se ve en el afán de celebrar este divino misterio incluso en las situaciones de peligro para su vida temporal; en la profunda devoción con que lo celebraban, y en tantas de las meditaciones que hicieron y escribieron en torno a la Eucaristía y al martirio. 

Esta misma fe y profunda devoción, la profesan y testifican los mártires laicos de nuestra tierra, quienes viven realmente de la celebración eucarística y alimentan en ella su compromiso de dar la vida en servicio del Evangelio. 

En nuestro tiempo experimentamos el efecto que produce en nosotros el extraordinario ejemplo de amor a la Eucaristía y el empeño en el esfuerzo cotidiano por construir la sociedad y el Reino de Dios en muchos miembros de la Iglesia, tanto laicos como consagrados; lo vemos en la adoración del Santísimo en tantas parroquias, en los grupos de la Adoración Nocturna, en la atracción que ejercen los sacerdotes al celebrar la Misa como un verdadero “misterio” que hace a los participantes sentir y vivir el paso del Señor por sus vidas; como en el relato de Emaús, los cristianos sienten que su corazón arde en esas celebraciones. 

Pero también observamos como para muchos de nuestros hermanos, tanto la Eucaristía, fuente de vida, como la Presencia Real del Señor, en los sagrarios, pasa desapercibida. Tienen “ojos y no ven, oídos y no oyen”, o bien celebran, viven o reciben este sacramento, “de manera indigna”. 

Ambas realidades piden de nosotros compromisos concretos ¿Qué actitudes debemos asumir para aprovechar lo bueno que tenemos y cuáles para superar nuestras deficiencias?
Música del compositor Quetzalteco Benedicto Ovalle Bethancourt (1894-1995); Junto a hermanos sus: José Eustorgio (Centro) e Higinio (Primer Tiple, solista), formaba parte de la marimba. Also, el compositor Everardo de León (Segundo Tiple). Ellos were Grandes ixtíos quetzaltecos. Dedicada a TODAS LAS ixtías quetzaltecas (Incluida mi Mami, la mas linda de Todas), Representadas bellamente Por Estas tres lindas ixtías. Eres bella y Eterna Xelajú! Interpreta: Marimba Maderas de mi Tierra

1 comentario:


  1. RiCoRisuoni in ognuno di noi l’annuncio dell’Angelo alle donne:
    “So che cercate Gesù il Crocifisso, non è qui.
    E’ Risorto ….
    Venite, guardate il luogo dove era deposto”.
    L’Amore è più forte, l’Amore dona vita, l’Amore fa fiorire la speranza nel deserto!
    Questa certezza sostenga il nostro quotidiano e orienti la nostra missione!
    Buona Pasqua!
    Con affetto

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