martes, 12 de noviembre de 2013

Alma

 
Sobre la libertad, a la cual nos llama la gracia del Salvador Nuestro Señor, no debe hablarse de paso y negligentemente, dice San Agustín. La libertad es, en efecto uno de los más preciosos dones que a los seres humanos dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre: por la libertad, la libertad es el alma de nuestra alma . Sin ella no habría pensamiento ni voluntad, ni creatividad.
Del uso de la libertad de cada persona depende su felicidad temporal y la eterna. De la libertad conviene hablar muy en serio: con admiración, con respeto y hasta con cierto temblor, puesto que en ella tocamos las fibras y las raíces más hondas de nuestro ser; y con ella nos labramos nuestro ser y nuestro haber definitivos.
Pero sigue siendo verdad que "es libre quien puede hacer siempre lo que quiere sin ser impedido por ninguna coacción exterior y que goza por tanto de plena independencia"  (Así lo ha expresado el Magisterio de la Iglesia).
También sucede que nosotros queremos ser felices y lo queremos necesariamente. Lo queremos con gran fuerza, pero no libremente. No basta querer algo, es necesario afirmar el dominio y señorío de la persona sobre sus actos. Sólo es libre el que es dueño de sus actos, es, el que los pone o los omite porque quiere. Para ser personalmente libre ante todo, hace falta poder querer -o no querer- el querer. ¡Hace falta ser dueño del querer. Para ser dueño del propio querer hay que poder querer-el querer. Lo cual sólo es posible cuando el ser es espiritual y por ello goza de capacidad de reflexión.
El ojo ve, pero no ve que ve (el que ve que ve soy yo), porque es un órgano material. Sólo una facultad espiritual, además de entender, puede entender que entiende.  Entonces, no sólo puede querer, sino también quererY   puede :querer su querer Hacer lo que se quiere, querer lo que se hace
saber lo que (uno/a) se hace
No basta saber qué es lo que hago, es decir, la naturaleza y el valor de lo que hago (El que habla en sueños no sabe el valor real de lo que hace, ni es responsable, no es libre),
Se necesita conocer la finalidad natural de lo que hago. Para saber qué son las cosas -un ojo, por ejemplo- necesito saber para qué son, para qué sirven. Si conozco muy bien la anatomía, la fisiología, etcétera, del ojo, pero no sé que sirve para ver, en realidad tampoco sé lo que es un ojo.
Si yo no sé por qué me muevo y por qué decido, mi movimiento no tiene su origen en mí yo, sino en alguna fuerza ajena: entonces, más que moverme, soy movido por alguna fuerza distinta, extraña al yo. No soy libre en acto., supone el ejercicio de la razón que se pregunta el por qué y el para qué de las cosas: su finalidad, su sentido,.por lo tanto, es necesario, para que mi libertad sea verdaderamente personal, actual y eficaz, que conozca al menos las consecuencias más importantes d
e lo que hago.

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