viernes, 15 de noviembre de 2013

Perseverancia

Cuando el sacerdote, sabiendo quién es, toma el pan y pronuncia las palabras de la consagración a nombre de la Iglesia y con el poder del Espíritu Santo,  la Palabra poderosa está tocando la tierra y el cielo; ahí se está abriendo el mar Rojo; ahí Dios está destruyendo todo enemigo de incredulidad; ahí Dios está haciendo el camino para que uno se pueda encontrar con Él.
Dios que hace estas cosas, Dios que puede estas cosas, Dios puede hacer un camino para mí. ¿Y quién soy yo? Vete donde Eliseo, y dile a ese Eliseo qué hizo él. Para mí es uno de los actos de fe individuales más grandes de toda la Biblia. El tipo solo, con un manto frente al agua, y atreverse a golpear y decir: "Bueno, en el Señor Jesús a apegarnos con perseverancia a la oración, y utiliza Jesús en este capítulo dieciocho uno de los recursos,  más inteligentes y al mismo tiempo más caritativos de su arsenal pedagógico. Lo que utiliza Jesucristo es ponerse en el lugar de la persona que tiene dificultad, de la persona que no logra entender, de la persona que no sabe que hacer.
¡Qué gran pedagogía la ternura de Cristo! A la persona que se siente no escuchada, pues no le convence que se digan cosas muy bonitas de Dios; pues Cristo se pone en el lugar de esa persona y realmente lo que le está diciendo es: "Mira, aunque Dios fuera así, aunque ese fuera el Dios real, te va mejor perseverando en la oración".
Que es sea entonces nuestra actitud. A través de la oración perseverante, a través de la experiencia viva y directa con Dios, que testimoniemos quién es Él realmente, y admiraremos todavía más a esta gran Maestro: Jesucristo.

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