Como me alimento de la Hostia, me alimento de la Palabra, y no quedará en ayunas mi entendimiento para que simplemente se llene mi boca.
Hay que comulgar con la Palabra, pero antes , si miramos el rito latino que nosotros tenemos para celebrar la Eucaristía, antes de esa hay otra comunión: "Yo confieso ante Dios y ante vosotros hermanos, y por eso pido a Dios y pido a vosotros hermanos, la comunión con la Iglesia".
Comulgar con el hermano, recibirlo como hermano, acogerlo como destinatario, como sujeto de la gracia, saber en él una obra grande. Hay que comulgar con todas las Hostias, porque hay presencia de Cristo no sólo en la Hostia consagrada, sino también en la Palabra, y también en el hermano, especialmente en el hermano pobre, en el hermano despreciado, en el hermano al que uno nunca llamaría dichoso, es decir, al que llora, al sufrido, al que tiene hambre y sed de justicia; allí hay una obra de Dios y hay que saber comulgar con esa obra de Dios.
Señor, lo que tú quieras, pero anhelo tu gloria, como decía Santa Catalina de Siena, "has tenido misericordia conmigo, Señor, pero me parece, redunda en gloria tuya que sean más y más los que reciban tus mercedes, por eso te ruego por el pueblo".
El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, se apodere de nosotros como se apodera del pan; y la Palabra de Cristo tenga poder sobre nosotros como lo tiene la Palabra sobre el pan; para que nosotros mismos, hechos a imagen de Dios, lleguemos a semejanza de Dios, en alabanza de su gloria.
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