viernes, 8 de noviembre de 2013

Creyente

 
Temor, siente el que no sabe de quién se ha fiado. Temor, siente el que no sabe dónde está parado. Pero, el que sabe y conoce la roca en la que están asentados sus pies, el que sabe cuál es la firmeza de esa roca y esa roca es Cristo, entonces ya no tiene miedo; se le acaba el miedo.  El miedo ocasiona la gran tragedia que es separarnos de la fuente, separarnos de Aquel que nos ama. Destruido el miedo, nosotros somos indestructibles, nosotros somos invencibles.
Pensemos en este Pablo: no tiene dinero, no tiene familia. Podríamos decir que no tiene patria, porque los de su patria le odian y los paganos se le burlan. Como cualquier mortal, pierde la salud y se enferma.
Puede ser llevado al destierro, castigado como un reo, encarcelado como un criminal, y sin embargo, con todas esas fragilidades que no eran posibles sino que ya las había visto y vivido en toda la realidad y crudeza de su propia carne, con todas esas fragilidades encima, este hombre tiene un cántico de victoria al amor de Jesucristo. Y en él, se siente seguro, porque sabe que el que está unido a Cristo, es indestructible.
¿Qué se le podía hacer a este Pablo que no se le hubiera hecho? Muchas cosas. Pero, esas cosas, esas torturas, persecuciones, éso que se le hace a Pablo como se le hizo hasta el martirio, éso sólo proclama más y más la gloria de la Cruz de Cristo. Nosotros, cuando estamos fundados en Cristo, somos indestructibles por una razón muy sencilla: Porque el que pretenda destruirnos, no puede sino proclamar más fuerte el amor. El santo perseguido se convierte en una lámpara más alta de la misericordia, de la sabiduría y del poder de Dios.
A los comienzos de la vida espiritual, el creyente le teme al diablo. Avanzando la vida espiritual, el diablo le teme al creyente, porque no puede hacer nada contra él. Si le tienta, se ve humillado, se ve derrotado por una criatura que es inferior a él. Y desde luego, para la soberbia del poder de las tinieblas, nada más doloroso que la humillación.
Si no le tienta, si no se acerca a él, entonces este predicador, este Apóstol, despliega el poder de su palabra, la obra del Espíritu, y crece el número de los que creen en Dios. Si intenta destruirlo, no hace sino construirle mártires a Cristo. ¡Es indestructible!
Comprendamos que aquel que ha recibido el bautismo, que cree en la gracia del Señor y permanece fundado en la Roca, ése es indestructible; nada se puede hacer contra él.
Una imagen de este terror satánico, es decir, de este terror de Satanás frente al poder de Cristo, aparece en más de uno de los exorcismos del Evangelio: "¿Has venido a destruirnos?" San Lucas 4,34, pregunta con voz ronca y asustada. "Yo sé quién eres, el Hijo de Dios. ¿Has venido a destruirnos? Luc4,34


No hay comentarios:

Publicar un comentario