Claro que el enfermero, la enfermera tiene que darse cuenta del tamaño de la herida que tiene el pobre paciente, tiene que saberlo. Pero lo sabe para curarlo.
O sea que Dios no nos quiere ni faltos de juicio ni faltos de criterio como si todo diera lo mismo; como si diera lo mismo el bien o el mal. El que se esfuerza por ser honrado y el que se esfuerza por dañar a otros, esas vidas no pueden ser iguales.
El problema no está en si uno se da cuenta o no del mal, el problema esta es en qué hace uno con esa información. Si uno utiliza esa información para despreciar, para anular, para condenar, para hundir; o si uno utiliza esa información para interceder, para predicar, para buscarle caminos al amor.
La próxima vez que sintamos algo reprobable en otras personas no tenemos que enredarnos con nosotros mismos: "Ya juzgué, ya pequé", no; lo primero que tenemos que pensar es: "¡Gloria a Dios! ¡Bendito seas!"
Es tanta la confianza que me tienes Señor, es tanto el amor que nos tiene, que tu ha querido tratarme con confianza para mostrarme la herida de este paciente suyo, pues con tu ayuda yo quiero colaborarte, yo quiero servirte, para que esta persona de su paso, se convierta y viva. Así nos lo conceda Dios.
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