Dios redime dándose, mientras que cuando creó las cosas no se dio a ellas. Sólo dejó en ellas vestigio de su ser, pero no dejó su presencia; la presencia, la habitación de Dios en nosotros, esta es la fantástica maravilla de la redención.
Esto explica la afirmación tan consoladora, tan hermosa, de Nuestro Señor Jesucristo en el evangelio: "Hay más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta" San Lucas 15,7.
Porque la conversión no sucede sin el beneplácito del Padre, sin la presencia de Cristo y sin la donación del Espíritu Santo. En cada convertido, en tu conversión y en la mía, ¿sabes quién obró? Toda la Trinidad, toda la Trinidad; Dios se empeñó en ti, hizo en ti y para ti una obra que es mayor que todo el universo.
Cuando los Ángeles, que han recibido ciertamente, la gracia de Dios, pero que propiamente no han sido redimidos de pecado alguno; los Ángeles santos. Cuando los Ángeles que han recibido la gracia, la comunicación del Espíritu, ven esa obra del Espíritu, en nosotros pobres pecadores, cantan de júbilo, porque es una obra mayor que el universo entero, porque es algo más grande, porque es algo más maravilloso, porque es algo infinitamente más bello que el universo entero.
Demos gloria y alabanza a Dios. Pensemos lo que esto significa: Papá Dios, tú metiste tu mano; Señor Jesús, tú ofreciste tu cuerpo; Espíritu Santo, tú te regalas a mí; todo Dios, todo Dios hizo posible mi fe; bendito sea su Nombre .
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