Decididamente, Jesucristo es libre de la opinión pública.
Lo que estaría bien cuando bendijo a los niños, cuando recibió las lágrimas de arrepentimiento de la pecadora pública, cuando llamó para que fuera discípulo suyo a Mateo, o cuando entró, en casa de Zaqueo, Jesús estaba yendo mucho más allá, con la libertad que trae el amor, de la opinión pública.
Es interesante, porque aunque en nuestra época se habla tanto y tanto de libertad, hay nuevas esclavitudes de opinión pública que van teniendo su fuerza entre nosotros.
Jesús obra con audacia, Jesús obra con libertad. Y todos los que prestamos algún servicio en la propagación de la fe, tenemos que imitar a Jesucristo en esto.
Estemos obrando según el modelo de Jesucristo, con el amor de Jesucristo y también, por qué no, con la visión de Jesucristo.
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