La interpretación teológica sobre esta presentación de María, es precisamente cómo aquel acto voluntario por el que Ella se reconoce de Dios y por el que Ella orienta su vida hacia Dios.
Que es también el acto continuo de ofrecimiento de su vida hacia Dios, ese es el misterio de la presentación de la Virgen. Por consiguiente, es exactamente devolver el camino que fue hecho en mala hora por la desobediencia y por el pecado de los padres.
O mejor todavía, es encontrar en la entraña misma de la creación y de la historia, esa opción amorosa de Dios ante la cual la única respuesta realmente razonable o realmente amorosa, es un "sí" como el que Ella ha presentado. Por eso en los ojos de esta Niña, en los ojos de María que se presenta ante Dios, está la mirada que Dios esperó durante siglos, es decir, la mirada que Él esperó de su criatura racional, del ser humano desde que lo creó.
Unamonos al espíritu de fe, de esperanza y de amor de María, en el acto voluntario y sublime de presentarse ante el Señor, y al unirnos a Ella, pidamos que Dios aparte de nosotros cualquier actitud de escondite, de huir de Él o de pretender alguna felicidad o realización de espaldas a Él.
María, danos de tu corazón, danos de tu "sí", danos de tu mirada, para hacer también nosotros misterio de presentación y de ofrecimiento.
Busquemos la gloria de Dios; la sangre de aquellos mártires de la que nos hablan los libros de los Macabeos, esa sangre humilde, celosa, fiel resultó más fuerte que todos los ejércitos.
No te fíes de tus virtudes; no confíes en la virtud pasada; no creas demasiado en tu perspicacia ni en tus amistades.
Roguemos a Dios que pongamos nuestra confianza sólo en Él, y que ponga nuestro amor sólo en su gloria
“No se os embote la mente, no se os embote la mente” San Lucas 21,34.
El libro de los Macabeos es bonito para ver fortaleza; es bonito para ver ¿Cómo se sacrificaron por Dios? Y, esa generosidad de alma, es bonito.
Recordando la impresión que me causó este versículo 36 del capítulo 21 de San Lucas: “Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del Hombre”
“Estad siempre despiertos” San Lucas 21,36.
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