viernes, 8 de noviembre de 2013

Justifica


Nada pueden las tinieblas contra la Luz. ¡Nada pueden! Se enciende una vela, se enciende una luz y las tinieblas huyen. "Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian" Salmo 68,1.
¿Qué necesitamos nosotros para volvernos indestructibles? Permanecer una y otra vez en 
"Dios es el que justifica. ¿Quién condenará?" Carta a los Romanos 8,33-34. Y hay que repetir también aquellas palabras del Apocalipsis: "Ahora se estableció la salud, el poderío y el reinado de Nuestro Dios, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos" Apocalipsis 12,10.   El Abogado defensor es Cristo, sus argumentos son sus Llagas, su discurso es su Sangre y su poder es el del Espíritu? La victoria es clara y es de Cristo.
La victoria de Nuestro Salvador y de Nuestro Señor está ahí, está a disposición de cada uno de nosotros. Si alguien estaba buscando la manera de vencer toda tentación, que se vaya a este capítulo octavo de la Carta a los Romanos: "En todo vencemos fácilmente por Aquel que nos ha amado" Carta a los Romanos 8,37.
"Estoy convencida de que ni muerte, ni vida, ni Ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro" Carta a los Romanos 8,38-39.
¿Cuál es el miedo? ¿Cuál es el temor? ¿Por qué nosotros a veces vivimos y obramos, e incluso rezamos como si estas palabras no existieran? ¿Es que podía Dios hablarnos más claramente de la firmeza que puede darnos, del amor con que nos cobija?
Cristo en el evangelio a la Jerusalén de esta tierra: "¡Cuántas veces quise reunir tus hijos como la gallina reúne a los pollitos!" San Lucas 13,34. "¡Cuántas veces quise reunirte!" Y efectivamente, la Jerusalén de esta tierra no entendió el mensaje de Cristo.
"Pero, nosotros", dice San Pablo, "somos de la Jerusalén del Cielo" Carta a los Filipenses 3,20, y para nosotros son ciertas las palabras del Salmo: "Él nos acoge bajo sus alas" Salmo 91,4.
Nosotros somos aquellos habitantes de la Jerusalén del Cielo, aquellos pollitos que sí pudieron ser cobijados por las alas de Dios. Nosotros somos aquellos que hemos acogido la llamada maravillosa, el piar santísimo de Nuestro Salvador, estamos , refugiados en sus alas.
Nosotros sabemos que mientras permanezcamos en ese amor, somos indestructibles. Porque, incluso aquello con lo que se pretende hacernos daño, se convierte en gloria de Dios y camino de salvación para nosotros.
"¿Quién podrá separarnos del amor de Jesucristo? ¿Será acaso Cristo que murió, resucitó y está a la derecha de Dios y que intercede por nosotros?" Carta a los Romanos 8,34-35. ¡ Él se puso a nuestro favor. Él está a nuestro favor, y Dios no deshace sus palabras.
"Dios no es un ser humano para arrepentirse" Números 23,19, dice uno de los Profetas. Si Él dijo alguna vez que te amaba, si Él dijo alguna vez, si escuchaste su susurro y ese susurro era una palabra de amor y de salvación, Dios no va a deshacer su palabra en todos los siglos. ¡Puedes fiarte de ella.

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