jueves, 7 de noviembre de 2013

Despertemos

 
El Apocalipsis nos dijo que Juan, ese vidente, había visto una multitud de toda raza, lengua, pueblo o nación, una multitud que llegaba, que entraba a una plenitud de la gloria de Dios en los cielos.
Cada vez que nosotros nos reunimos en la Eucaristía, especialmente en una circunstancia especial, llena de color y de diversidad, se cumple una partecita del Apocalipsis, tenemos como una muestra de lo que Dios quiere hacer con nosotros.
Cada uno de nosotros ha salido de su casa, de su barrio, de su grupo. Cada uno ha venido  para celebrar, con todos sus hermanos/as, en familia, esta presencia maravillosa de Dios que nos ha transformado, que nos ha cambiado, que promete cambiarnos más, que promete renovarnos, que promete llevarnos hasta su plenitud en los cielos. Todos y cada uno de nosotros hemos recibido una llamada de Dios, hemos sido tocados por el amor de Dios. Así será el cielo.
Cuando nosotros nos reunimos en la Eucaristía, tenemos una imagen de lo que va a suceder en los cielos.
La Eucaristía es un adelanto para el cielo,bendito sea Dios, cuando llegamos a la Eucaristía y somos tan distintos, pero al mismo tiempo somos tan hermanos/as.
Que Jesús nos regale a todos nosotros/as, esa palabra maravillosa que atrae la atención, precisamente cuando es más difícil.
En medio de todas las distracciones del mundo, Jesucristo tiene una palabra capaz de cautivar, capaz de atraer el corazón, capaz de llamarnos a una vida distinta.,también como una imagen de lo que Jesús hace en toda nuestra vida, porque  las distracciones no está sólo aquí en el final de este sábado que, litúrgicamente, ya lo celebramos como domingo.
Las distracciones no están sólo en este lugar ni en este tiempo. Si nosotros pensamos en nuestra vida diaria, cuántas cosas hay que nos atraen, que nos retraen y nos distraen; cuántas cosas que podrían hacernos olvidar de Jesucristo.,la confusión del mundo presente, la voz de Jesucristo nos atrae hacia el Padre.
En medio de todas las cosas que nos podrían distraer,cuántas cosas podrían distraernos en medio de la confusión del mundo presente; que intenta robarnos la atención en medio de todo lo que sucede, de la gente que pasa, de la gente que va y que viene, del que compra y del que vende, en medio de todo, Jesús, la voz de Jesús, nos atrae hacia el Padre.
Es importante que nosotros despertemos el oído a esa voz, a esa voz maravillosa del Señor, porque en medio de la confusión del mundo, la voz de Cristo, como una soga, como un lazo tendido, para que no nos ahoguemos, nos pueda atraer y nos pueda llevar hasta el Padre; y esta es precisamente la vida de santidad, esta es precisamente la vida que Cristo ha querido para cada uno de nosotros.
Estas son las tres enseñanzas de  la Eucaristía es una anticipación del cielo. En medio de la confusión de este mundo, la voz de Jesús nos lleva hacia el Padre. Vamos a enseñar a los niños la cultura de la vida, de la fe y del amor.
¡Gloria a Dios! ¡Que viva Jesucristo! ¡Que viva la Virgen María!

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