jueves, 14 de noviembre de 2013

Creyente

Un creyente es una persona que hace opciones fundamentales con el Señor, mantiene viva su capacidad de admiración al encuentro con los hermanos .
Ser creyente es ser insaciable ante Dios es tener conciencia, de que estamos hechos para el infinito y es reconocer al Creador más allá de todas las creaturas.
Hoy es una invitación a seguir estudiando, admirando  la creación, a ser felices en la creación, pero saber que Dios es muchísimo mayor. Precisamente, San Alberto Magno a quien la Iglesia Católica va a celebrar es un ejemplo de una persona insaciable.
Científico durísimo, se anticipó a una cantidad de ideas. Por ejemplo, ya en el siglo XIII San Alberto Magno hablaba de la capacidad o de la posibilidad de que una especie se convirtiera en otra especie, lo que se llama la doctrina de la evolución.
Pero es para decirle que ha habido cristianos convencidos y ha habido creyentes insaciables, y esas personas han sabido descubrir el Creador más allá de las creaturas. Esa es la invitación también en esta Eucaristía.
Que Dios y María nos conduzca a las sendas amorosas del Señor, es lo fundamental de nuestra fe el retorno anhelado e imprevisto, que Dios nos dé la alegría de sólo saciarnos en Él.
Viene Jesús, viene Jesús, lo esperamos, sin embargo su venida es y será siempre una sorpresa; es un acontecimiento que desaborda de tal manera la mente humana que no hay imaginación posible, y por eso Jesús es y será siempre una sorpresa.
Cristo Nuestro Salvador describe, con las imágenes, esa sorpresa, esa llegada imprevista, imprevista no porque no la sepamos, sino porque está más allá de lo que nosotros podemos prever.
Jesucristo saca una conclusión: "El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará" San Lucas 17,34.
Jesucristo: "El que esté en la azotea que ni baje por las cosas". San Lucas 17,31; dice Jesucristo: "El que pretenda guardar la vida, la perderá; y el que la pierda la recobrará" San Lucas 17,33.
Hay que tener la prisa por el Reino, la prisa por el retorno de Cristo, la prisa por el cumplimiento de las promesas de Cristo, la prisa por los intereses de Jesucristo.
El que siente la prisa del amor, suelta muchas cosas.
¡Dios mío, necesitamos la fuerza del Espíritu para entender la maravillosa grandeza del mensaje de Jesús; el Espíritu que nos haga completamente abiertos a la Palabra de Jesucristo! Porque hay muchas maneras de encontrarse; encontrarse en los intereses comunes.
El encuentro radical con los demás es el encuentro en las fronteras de lo que el ser humano puede.
Es en la frontera, la frontera misma de la imposibilidad humana, para salir de su miedo, para salir de su egoísmo, para dar el paso hacia el perdón. Es en esa frontera donde todos somos mendigos de la gracia. En esa frontera podemos encontrarnos todos y abrazarnos todos.
El que no haya encontrado su imposibilidad, el que no haya percibido su miseria, el que no se haya descubierto como mendigo de la misericordia, tiene mucho que hacer en la unidad de los cristianos.
La unidad es percibir que el hermano tiene una necesidad tan radical de Dios, tan completa y absoluta de Él como yo la tengo. Ahí empieza el ecumenismo, ahí empieza, cuando podemos temblar y llorar porque tenemos las mismas indigencias y tenemos un mismo Dios que nos ama a ambos, ahí las vidas se convierten.
Tengo la fortuna de ver que esta percepción es escasa. Para dolor del alma.
Todos tenemos: un hambre infinita: "¿Yo qué hiciera para agradar a Dios? ¿Cómo puedo conocerle mejor? Mientras que otros llegan a darle clase a uno: “Permiso, padre, le explico lo que usted no ha entendido”.


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