jueves, 7 de noviembre de 2013

Despiertan

Despiertan la admiración en el alma cuando los descubrimos tan cercanos a nuestra tierra, vecinos nuestros, al mismo tiempo, tan cercanos a Dios, vecinos de los Ángeles, moradores de la Jerusalén celeste
Su recuerdo estƔ fresco entre nosotros. De los mƔs recientes, conservamos incluso fotografƭas y podemos tomar en nuestras manos recuerdos y restos de lo que fue su paso en esta tierra.
Para comprender el desenlace de su vida no vasta mirar lo que hicieron aquƭ, sino sobre todo es necesario mirar lo que ahora Dios hace por ellos en la gloria celestial; si aquƭ servƭan ellos a Jesucristo, ahora se cumple la Palabra en ellos, la Palabra del mismo Cristo. Y es este, el SeƱor, el que se ha puesto a servirlos a la mesa.
El recuerdo de los Santos, decía San Bernardo de Claraval, nos anima especialmente en las virtudes de la fortaleza y esperanza, porque conociendo sus vidas, algunas esplendorosas en milagros, otras casi anónimas, algunas después de larga lucha y otras después de un breve combate.
Al conocer sus vidas,  al ver las condiciones en las que anduvieron por nuestros mismos caminos, sentimos que hay algo mĆ”s de la vida que hemos estado llevando. PrĆ”cticamente  que no hay obstĆ”culo que nosotros tengamos en este momento que no haya tenido alguien en el pasado.
Fortaleza nos comunican ellos, pero tambiƩn esperanza. Dice Santo Tomas de Aquino que la esperanza se refiere a los bienes que son posibles, pero que de alguna manera son arduos. El bien arduo pero posible, es el propio de la esperanza; y de singular manera, estos hombres y mujeres, despiertan en nosotros la esperanza.
Lejano de nuestros pecados, que el bien de la bienaventuranza; y el bien por excelencia, el bien que constituye la razón Ćŗltima, el desenlace propio de la vida humana. 
Meditar en aquella expresión del símbolo de los Apóstoles: "Creo en la comunión de los santos", koinonía hon hÔigon.
Hay dimensiones en la vida espiritual y hay una parte de mi tarea y de mi camino que no se la puedo endosar a nadie, mÔs cierto es que Cristo, por su Sangre, no sólo reconcilió a cada uno con Dios, sino hizo posible también la verdadera comunión con los hermanos/as.
El EspĆ­ritu de Jesucristo, que es el EspĆ­ritu Santo, responde la teologĆ­a; y si va obrar en ti el EspĆ­ritu Santo, se harĆ”n en ti las obras que Ɖl quiere, no las obras que tĆŗ quieres, y la obra que Ɖl quiere no es sólo tu unión con Dios, sino tu comunión con los hermanos/as, tu profunda unión con
los hermanos./as.

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