Su recuerdo estĆ” fresco entre nosotros. De los mĆ”s recientes, conservamos incluso fotografĆas y podemos tomar en nuestras manos recuerdos y restos de lo que fue su paso en esta tierra.
Para comprender el desenlace de su vida no vasta mirar lo que hicieron aquĆ, sino sobre todo es necesario mirar lo que ahora Dios hace por ellos en la gloria celestial; si aquĆ servĆan ellos a Jesucristo, ahora se cumple la Palabra en ellos, la Palabra del mismo Cristo. Y es este, el SeƱor, el que se ha puesto a servirlos a la mesa.
El recuerdo de los Santos, decĆa San Bernardo de Claraval, nos anima especialmente en las virtudes de la fortaleza y esperanza, porque conociendo sus vidas, algunas esplendorosas en milagros, otras casi anónimas, algunas despuĆ©s de larga lucha y otras despuĆ©s de un breve combate.
Al conocer sus vidas, al ver las condiciones en las que anduvieron por nuestros mismos caminos, sentimos que hay algo mƔs de la vida que hemos estado llevando. PrƔcticamente que no hay obstƔculo que nosotros tengamos en este momento que no haya tenido alguien en el pasado.
Fortaleza nos comunican ellos, pero tambiƩn esperanza. Dice Santo Tomas de Aquino que la esperanza se refiere a los bienes que son posibles, pero que de alguna manera son arduos. El bien arduo pero posible, es el propio de la esperanza; y de singular manera, estos hombres y mujeres, despiertan en nosotros la esperanza.
Lejano de nuestros pecados, que el bien de la bienaventuranza; y el bien por excelencia, el bien que constituye la razón última, el desenlace propio de la vida humana.
Meditar en aquella expresión del sĆmbolo de los Apóstoles: "Creo en la comunión de los santos", koinonĆa hon hĆ”igon.
Hay dimensiones en la vida espiritual y hay una parte de mi tarea y de mi camino que no se la puedo endosar a nadie, mÔs cierto es que Cristo, por su Sangre, no sólo reconcilió a cada uno con Dios, sino hizo posible también la verdadera comunión con los hermanos/as.
El EspĆritu de Jesucristo, que es el EspĆritu Santo, responde la teologĆa; y si va obrar en ti el EspĆritu Santo, se harĆ”n en ti las obras que Ćl quiere, no las obras que tĆŗ quieres, y la obra que Ćl quiere no es sólo tu unión con Dios, sino tu comunión con los hermanos/as, tu profunda unión con los hermanos./as.
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