El Catecismo de la Iglesia en sus numerales 2199, 2212, 2239 (este sobretodo), y 2310 entre otros, dejan claro que el amor a la patria corresponde al deber de gratitud y al orden de la caridad bajo la premisa del cuarto mandamiento. Eso para los testigos de Jehová que creen que el amor a Dios riñe con el deber patriótico y es sustitución del primero.
Ahora, como la palabra patriotismo hoy es tomada con aspectos fanáticos o retrógrados, muchos tienen miedo de expresarla como debe ser.
A veces se deforma el patriotismo confundiéndose con la patriotería . Es más, la patriotería a veces es hasta bien vista y aceptada; basta ver al que le da rienda suelta al exceso etílico porque la selección de su país ganó un partido insulso y fútil, e incluso, también se emborracha porque perdió ese mismo partido. Esa misma persona que utiliza un supuesto amor a su patria para escudar sus vicios, es la misma que después no sabe qué y por qué se celebran el 25 de julio o el 15 de setiembre.
El ser cristiano y ser patriótico van de la mano (si no, hagamos memoria de como cuando no se respeta a Dios inmediatamente el respeto a los símbolos patrios decrece), dejando en claro que nosotros los cristianos debemos obediencia plena a Dios y obediencia debida a la patria.
Es sentido del deber de ser y hacer, que en nuestro tiempo ha sido trocado por el "si quiero ser o si quiero voy o si quiero lo hago", o por el "si me nace".
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