domingo, 3 de noviembre de 2013

Renovación

Ser evangelizador es el fruto natural y propio de ser evangelizado. La renovación que Cristo hace EN nosotros prepara el camino para lo que Él quiere, sabe y puede hacer CON nosotros. Y eso que hace CON nosotros es propagar la Buena Nueva a muchos hermanos.Pero evangelizar no es un pasatiempo. Es quitarle su presa al demonio: una bestia enloquecida por el odio. Debemos esperar combate–y victoria!
La clave de la victoria empieza cuando descubre que la primera víctima de la explotación es el explotador y no el explotado. La primera víctima de la mentira es el mentiroso y no el engañado. Por eso Jesús ora por los que le crucifican: le hacen daño a Él pero a precio de dañarse mucho más ellos mismos.
Vamos a evangelizar cargados de paciencia, sabiendo cuánto nos ha esperado El .En el encuentro con Cristo, y luego en la vida cristiana, uno suele seguir un proceso que puede relacionarse con tre spreposiciones de la lengua castellana: por, en y con.
Lo primero que a uno le interesa es: ¿Qué puede hacer Cristo POR mí? Esta es la etapa en que se buscan y se disfrutan los favores divinos de sanación, serenidad, prosperidad. La persona ve claramente el contraste entre lo que era y lo que está empezando a ser, y se goza en esa diferencia, pero a la vez sigue conservando el timón de su propia vida. Quiere que Cristo haga algo por ella pero luego quiere seguir obrando según su parecer, criterio y gusto.
En un cierto momento uno descubre que se necesita más. Uno puede estar sano de salud y de finanzas y sin embargo ser una persona egoísta o mediocre. Cuando uno ve que los problemas van más al fondo, entonces se pregunta: ¿Qué puede hacer Cristo EN mí? Es el momento de la renovación interior, menos espectacular pero mucho más necesaria. Es el tiempo para implorar y recibir un nuevo corazón.
Una vez sanados interiormente, la pregunta que sigue es: ¿Qué puede hacer Cristo CON mi vida? Es aquí donde descubrimos que somos o podemos ser instrumentos útiles en la búsqueda de la gloria divina, y en el compartir del Evangelio a otros que han de empezar su propio ciclo.

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