sábado, 2 de noviembre de 2013

Reparar


Por eso la Iglesia, nos recuerda que todos tenemos que orar por esos fieles difuntos, porque es necesario que sea el amor de toda la Iglesia el que cubra todas esas faltas, que incluso esos errores que ya no podemos reparar, el amor es siempre creador y es siempre creativo.
 Es una práctica maravillosa orar por los fieles difuntos, porque nos ayuda a tomar en serio nuestra vida y porque es un acto de caridad muy grande.
Entender que uno muchas veces no alcanza a reparar todo lo que quisiera reparar y que, tal vez esas personas que ya se murieron, pues hubieran querido amar más a Dios, hubieran querido servir mejor, pero no pudieron.
Entonces ahora nosotros, con nuestro amor, con el amor de Cristo en la Eucaristía, nos unimos, en una sola ofrenda, para pedirle a Dios que lleve a todas esas personas a la plena contemplación de su rostro, al gozo de mirarle, de gozarse, de tener la alegría de Él en los cielos.
Tomemos con mucha serenidad y al mismo tiempo con mucho agradecimiento nuestra vida. No desperdiciémos la vida, no maltratemos la vida, jamás atentemos contra la vida, nunca. La vida es la presencia más cercana, la más inmediata de la Providencia de Dios.
Nosotros agradecemos nuestra vida, y nos unimos a la ofrenda de Jesús, para que un baño inmenso de amor, lleve a estos fieles difuntos a la plena contemplación del rostro de Papá Dios.
La intercesión por los fieles difuntos que es lo que hacemos por mandato de la Iglesia, es una de las obras de caridad más bellas, porque lo que hace hermosa a la caridad es asemejarse a la manera como Dios nos ama.  En esta obra de misericordia, en esta oración por los hermanos difuntos, podemos reproducir muchos de los rasgos del amor de Dios, podemos realizar hermosas obras de caridad.
Efectivamente, es más grande la caridad cuanto mayor es el desvalimiento de la persona que la recibe, por eso los ojos del mundo se vuelven hacia aquellas personas que son generosas con los más pobres.  No puede ser mayor el desvalimiento, no puede ser mayor la indigencia de los fieles difuntos, porque nada pueden hacer a favor de su propia causa. Su tiempo en esta tierra ha terminado y están en absoluta dependencia del amor, de la solidaridad de la oración de la Iglesia.  La atención a los fieles difuntos, el amor a los fieles difuntos tiene características casi heroicas, porque se ocupa de gente que está tan completamente desvalida, que difícilmente podemos imaginar alguien que los supere en ese aspecto.
La caridad se hace hermosa cuanto mayor es el bien que logra, el que enseña a pescar hace más que el que simplemente dio un pescado, porque crea un bien más grande. Lo mismo sucede aquí con los fieles difuntos.
El fin propio de nuestra oración , nuestro amor por los difuntos es que ellos adquieran el bien que está por encima de todo bien, que es la visión de Dios, que es la posesión de Dios.
El amor que tenemos por los difuntos es un amor que también levanta nuestros corazones, porque nos ayuda a meditar en ese destino común y nos ayuda a desear continuamente eso que es el mayor bien para ellos y que es el mayor bien para nosotros, que por este aspecto también aparece como la hermosura de la caridad.
Tengamos en cuenta que estos fieles difuntos, precisamente porque no están a nuestra vista,hace sensata la vida,hace humilde nuestras aspiraciones, simplemente no existen ante los ojos de muchas personas del mundo; están ahí, por decirlo así como olvidados y por eso, cuanto más nos interesamos por su destino eterno, pues también más estamos preocupándonos de los que menos cuentan.
Esta caridad por los difuntos es una caridad desinteresada, y precisamente porque es desinteresada, tiene un valor muy alto, tiene una belleza muy grande.
 La caridad por los difuntos nos une a la misión propia de Jesucristo. Jesucristo alguna vez multiplicó panes, sanó ciegos, en cambio, hay una consigna que está siempre en toda la obra y misión de Cristo y es la victoria sobre la muerte, la victoria sobre el pecado.
 Enseña San Pablo; esta doble victoria de Jesucristo, es como la columna vertebral de su razón de estar en nuestra tierra, es el motivo principal de su Cruz, es el motivo principal de su propia muerte y es la causa fundamental de la gloria de su resurrección; otorgar eso, que es la culminación de su obra salvadora entre nosotros, según la obediencia que Dios Padre le puso.
Cuando nosotros nos interesamos por los difuntos y oramos por ellos, estamos exactamente en la línea de Cristo, estamos pidiendo que sea vencida la muerte, estamos pidiendo que sea completamente vencido el pecado, de modo que también en este aspecto, el amor por los difuntos trae muchísimo bien.
Verdaderamente, el pensamiento de la muerte nos educa en la sabiduría. Meditando sobre cuáles son los verdaderos bienes y cuáles son los verdaderos males, se llega a la sabiduría, y esos verdaderos bienes y males los descubrimos en el desenlace de las vidas de los hermanos(as), y por eso recibimos un gran bien nosotros.
Cuando nosotros oramos por ellos y cuando recordamos todos esos bienes que Dios les hizo y que ellos hicieron por la causa de Dios, también nos volvemos más responsables con las obras que han llegado a nuestras manos y que nosotros también tendremos que entregar a los demás.
Sigamos esta oración animándonos en la intercesión por los difuntos, porque es una caridad muy bella y porque es una escuela de sabiduría y sensatez para cada uno de nosotros

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