El arrepentimiento es siempre la oportunidad de abrirle un nuevo espacio a Jesús. Triste debe considerarse el corazón que no tiene nada de que arrepentirse, porque quiere decir que ya no le puede dar más espacio a Jesucristo.
Los grandes santos, y entre ellos Santo Domingo de Guzmán, eran hombres, y también mujeres, que amaban, el sacramento de la reconciliación; sin caer en los escrúpulos, una persona como Santo Domingo se confesaba prácticamente todos los dÃas, ¿Y por qué? ¿Porque cometÃa terribles fallas? No, sino porque cada dÃa Domingo encontraba un nuevo espacio que le podÃa dar a Jesús.
Cada acto de arrepentimiento es un retroceso de tu ego y es tierra nueva que le entregas a Jesucristo; cada arrepentimiento, cada acto de humildad es proclamación del señorÃo de Jesucristo. Y una persona que sabÃa tanto de contemplación, de adoración y de vida espiritual, como Santa Teresa de Jesús, decÃa: “Se gana más y se avanza más en media hora de contrición que en tres dÃas de alabanza”, ¡impresionante!
El arrepentimiento, la contrición es grande, porque es la ocasión que tu le das a Dios para decir: "TodavÃa hay más que te puedo entregar, Jesús; también tiene que pertenecerte esta área de nuestra vida". Un verdadero proceso de conversión va siempre como en etapas; porque uno le va entregando más y más y más a Jesús, Jesús es como insaciable en su manera de amarnos y en su manera de esperar y atraer el amor nuestro.
Jesucristo lo quiere todo de nosotros, absolutamente todo está entronizado en nuestro corazón , entonces si tu vida financiera no ha sido conforme con el Evangelio de Jesús, este es el momento para arrepentirte y para decirle al Señor: “Yo retrocedo”, o como decÃa Juan Bautista, "Yo disminuyo, y tú, a crecer” San Juan 3,30.
Pascua, para celebrar que somos libres; Pentecostés, para celebrar que somos fecundos; arrepentimiento, para celebrar que siempre le puedo dar más a Jesús, siempre hay algo más que le puedo entregar al Señor, hay algo más que puedo aprender de Él.
Si nosotros entramos en el discipulado, descubriremos lo que dice el Cántico del Siervo en IsaÃas: “El Señor me despabila el oÃdo cada mañana para que aprenda como los discÃpulos, para que aprenda como los iniciados" IsaÃas 50,4 .
Los salmos nos enseñan algo: “Cantad al Señor un cántico nuevo” Salmo 149,1.
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