miércoles, 31 de julio de 2013

Arrepentimiento

La fiesta de la expiación, la fiesta del arrepentimiento, como Pascua, es una fiesta tan alegre, y como Pentecostés es una fiesta tan alegre, porque es la fiesta de la cosecha, y había cantos y había cosas hermosas; en contraste con ellas, la fiesta de la expiación, la fiesta del arrepentimiento, parece algo como sombrío.
El arrepentimiento es siempre la oportunidad de abrirle un nuevo espacio a Jesús. Triste debe considerarse el corazón que no tiene nada de que arrepentirse, porque quiere decir que ya no le puede dar más espacio a Jesucristo.
Los grandes santos, y entre ellos Santo Domingo de Guzmán, eran hombres, y también mujeres, que amaban, el sacramento de la reconciliación; sin caer en los escrúpulos, una persona como Santo Domingo se confesaba prácticamente todos los días, ¿Y por qué? ¿Porque cometía terribles fallas? No, sino porque cada día Domingo encontraba un nuevo espacio que le podía dar a Jesús.
Cada acto de arrepentimiento es un retroceso de tu ego y es tierra nueva que le entregas a Jesucristo; cada arrepentimiento, cada acto de humildad es proclamación del señorío de Jesucristo. Y una persona que sabía tanto de contemplación, de adoración y de vida espiritual, como Santa Teresa de Jesús, decía: “Se gana más y se avanza más en media hora de contrición que en tres días de alabanza”, ¡impresionante!
El arrepentimiento, la contrición es grande, porque es la ocasión que tu le das a Dios para decir: "Todavía hay más que te puedo entregar, Jesús; también tiene que pertenecerte esta área de nuestra vida". Un verdadero proceso de conversión va siempre como en etapas; porque uno le va entregando más y más y más a Jesús, Jesús es como insaciable en su manera de amarnos y en su manera de esperar y atraer el amor nuestro.
Jesucristo lo quiere todo de nosotros, absolutamente todo está entronizado en  nuestro corazón , entonces si tu vida financiera no ha sido conforme con el Evangelio de Jesús, este es el momento para arrepentirte y para decirle al Señor: “Yo retrocedo”, o como decía Juan Bautista, "Yo disminuyo, y tú, a crecer” San Juan 3,30.
Pascua, para celebrar que somos libres; Pentecostés, para celebrar que somos fecundos; arrepentimiento, para celebrar que siempre le puedo dar más a Jesús, siempre hay algo más que le puedo entregar al Señor, hay algo más que puedo aprender de Él.
Si nosotros entramos en el discipulado, descubriremos lo que dice el Cántico del Siervo en Isaías: “El Señor me despabila el oído cada mañana para que aprenda como los discípulos, para que aprenda como los iniciados" Isaías 50,4 .
Los salmos nos enseñan algo: “Cantad al Señor un cántico nuevo” Salmo 149,1.

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