Psicología significa ciencia del alma. Por lo que a ella corresponde el estudio de cualquier ser que tiene alma. Y porque según los escolásticos, seguidores de Aristóteles, conciben al alma como un principio de vida en los cuerpos, corresponde a la Psicología el estudio de todos los cuerpos vivientes: seres humanos, animales, plantas. Los mismos constituyen el objeto material de la Psicología pues el objeto material de una ciencia está constituido por todas las cosas acerca de las cuales versa esa ciencia”.
El objeto formal de una ciencia es la razón bajo la cual el objeto material es considerado por ella. Lo propio de cada ciencia es inquirir las causas, la razón bajo la cual una ciencia considera su objeto son las causas de ese objeto”.
“Pero las causas pueden ser múltiples. Por lo que, ya a priori, cabe esperar no una sola ciencia que trate de los cuerpos vivientes sino varias, distintas sólo por el objeto formal.
“En realidad, se da una ciencia a la que incumbe considerar las causas remotas o últimas de la vida, a saber, el alma y sus facultades. Constituye una parte de la Filosofía propiamente dicha y de la Metafísica y suele llamarse Psicología racional, especulativa o metafísica.
“Pero la investigación de las causas próximas da lugar a varias otras ciencias, entre las cuales, en primer lugar se ha de nombrar a la Psicología empírica, llamada a menudo, Psicología experimental (aunque con menor propiedad). La cual ciencia porque trata propiamente de la vida psíquica -sensitiva y también intelectiva- y tiene por lo mismo idéntico objeto material (al menos en parte) que la Psicología metafísica, muchos la confunden, sin más, con esta última.
“En realidad, la Psicología empírica es una ciencia por derecho propio (sui iuris), distinta por entero de la Psicología metafísica e independiente de ella, es una ciencia natural, en el sentido de los modernos, y por eso utiliza el método positivo: observación o experiencia (por esto el nombre de empírica) y el experimento (por esto el nombre de experimental).
“Aunque no sea parte de la filosofía propiamente dicha, tiene sin embargo con ella un nexo; pues, en efecto, el conocimiento más profundo y fecundo de las causas próximas permite, también el conocimiento de las causas últimas. Lo cual hace que la Psicología empírica, con toda justicia, sea tenida como ciencia auxiliar de gran valor de la Psicología metafísica, en cierto modo, su propedéutica.
“Puesto que la Psicología empírica se abstiene por completo de la consideración del alma como tal y por eso se la llama psicología sin alma y sólo considera los hechos psicológicos, puede no sin razón ser llamada psicología siempre que se reserve el nombre de Psicología sin aditamento, a la ciencia que investiga el alma como tal, esto es, la Psicología metafísica”.
Consideraciones similares pueden leerse en Fröbes20, Gruender y otros.
Sólo en cuanto substancia espiritual puede el alma humana entrar bajo la consideración de la Prima Philosophia. Por otra parte, la distinción entre causas remotas y próximas es problemática. Alma, facultades y operaciones (estas últimas constituyen los fenómenos psicológicos, objeto de la supuesta “psicología empírica”) forman una indivisible unidad ontológica y funcional indisolublemente referidas al sujeto en el que inhieren.
Santo Tomás el Santo Doctor traza, a mi modesto juicio, el camino para la constitución de una Ciencia del alma que asuma, frente a las dificultades de la Psicología Científica, el papel de un saber rector, es decir, unificador y arquitectónico.
Se trata de un breve Proemio que el Aquinate antepone al comentario de la obra de Aristóteles De sensu et sensato. Es un texto de gran riqueza y concisión que explicita todo el orden y la unidad del conocimiento científico del viviente
“Así como las cosas son separables de la materia así también están próximas al intelecto; pues cada cosa tanto más es inteligible cuanto más es separable de la materia. Por eso las cosas que por naturaleza, están separadas de la materia son, según sí mismas inteligibles en acto. En cambio las que son abstraídas por nosotros de las condiciones materiales se hacen inteligibles en acto por la luz de nuestro entendimiento agente. Porque los hábitos de una potencia se distinguen en especie según la diferencia de lo que por sí es objeto de la potencia, es necesario que los hábitos de las ciencias a partir de los cuales se perfecciona el intelecto, también se distingan según la diferencia de separación de la materia; por esto el Filósofo, en el libro VI de la Metafísica, distingue los géneros de las ciencias según los diversos modos de separación de la materia.
Las cosas que están separadas de la materia según el ser y la definición corresponden al metafísico; las que están separadas según la definición pero no según el ser, competen al matemático y las que en su definición entra la materia sensible corresponden al filósofo natural” .
Se ve claramente esa sólida correspondencia de la ciencia con el ente que constituye la pieza clave de la epistemología de Santo Tomás. Las ciencias, en efecto, en tanto se fundan en el ente, guardan una participatio in obiecto; cada una posee un grado en esa participación y esta es el principio de su unidad, de su distinción, de su pluralidad y de su ordenación jerárquica.
“Así como los diversos géneros de las ciencias se distinguen conforme con la separación de las cosas respecto de la materia, de igual manera también en las ciencias particulares -y principalmente en la filosofía natural- las partes de una ciencia se distinguen según un modo diverso de separación y concreción. Puesto que las universales están más separadas de la materia es por ello que, en la ciencia natural, se procede de lo más universal a lo menos universal, como enseña el Filósofo en el libro primero de la Física. En la ciencia natural, comienza
Ahora se trata de descubrir la unidad, la pluralidad y el orden en las ciencias físicas. La consideración de la Physis se inicia con lo más universal, a la vez, es lo más común a todos los entes móviles: el movimiento y el principio del movimiento estudiados en la Physica; a partir de allí, mediante sucesivas concreciones y aplicaciones, se irán construyendo las diversas ciencias del mundo físico. Así se llega, partiendo de la Physica a la consideración de los vivientes cuyo principio de ser y de operación es el alma. Hemos llegado, a la Ciencia del alma.
“En efecto, primero,
comunes a todos los animales o bien, a muchos géneros de éstos o, también, a todos los vivientes. A ellos pertenece el presente libro Del sentido y lo sensible”.
Es imposible substraerse a la admiración que produce en la inteligencia el descubrimiento de esta parábola que va de la Filosofía de la Naturaleza a la Biología pasando por la Psicología salvaguardando, a un tiempo, la unidad y la pluralidad de la ciencia. Continúa el texto: “Por esto se ha de considerar que en el segundo libro Del alma determinó cuatro grados de vivientes. El primero de ellos es el de los que tienen solamente la parte nutritiva del alma por la que viven, como son las plantas.
Pero hay ciertos seres vivos que sobre el alma nutritiva tienen, además, el sentido aunque sin movimiento progresivo, como los animales imperfectos, por ejemplo, las ostras. Otros, en cambio, tienen sobre lo anterior el movimiento local progresivo; tales los animales perfectos como el caballo o la vaca. Otros añaden el intelecto, como los seres humanos. Y aunque lo apetitivo sea puesto como un quinto género de las potencias del alma, no obstante no constituye un quinto género de vivientes porque sigue siempre a lo sensitivo”
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