El velo de Moisés dio que hablar en el pueblo de Israel. San Pablo hace como una comparación a partir de ese velo, y dice: "Es el mismo velo que tiene el pueblo judÃo, que no le deja reconocer el resplandor de la Pascua de Cristo" 2 Corintios 3,14-15 . "Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, dejamos ver la gloria de Dios, manifiesta en Jesucristo" 2 Corintios 3,18.
Hay una interpretación muy hermosa sobre el velo de Moisés, y espero que mis palabras, con el auxilio del EspÃritu Santo, puedan ayudar a descubrirla.
Moisés tiene la piel radiante. La piel de su rostro irradia, porque es un contemplativo. Ha estado cerca del fuego de Dios, y ese fuego ha empezado a prender en él. Moisés tiene el rostro que irradia.
Lo que él ha visto de Dios, lo ha visto con sus ojos. Son, en cambio, los ojos de los demás, los que ven la piel de su rostro. Moisés tenÃa el rostro radiante. El rostro de él irradiaba, para los demás. Pero Moisés toma una resolución: "Cuando terminó de hablar con aquellos jefes de la comunidad, se echó un velo por la cara" Exodo 34,33.
Moisés estaba en gran contemplación y unión con Dios. Sale, y no sabe que su piel irradia, y se pone a hablar a los jefes de la comunidad con la piel radiante. Moisés, cuando estaba hablando con ellos, hablaba, y sus palabras eran las palabras de Dios. Su rostro irradiaba, y ese brillo era brillo de Dios. El brillo se podÃa ver, y la Palabra se podÃa oÃr. Moisés, cuando habló con ellos, tenÃa brillo y tenÃa palabra: Un brillo que se veÃa, una palabra que se oÃa. Y ambos venÃan de Dios, el brillo visible y la palabra audible.
El rostro de Moisés podÃa convertirse en una distracción para la palabra de Moisés. Cuando Moisés bajó del monte, no sabÃa que tenÃa radiante la piel de la cara. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él.
El resplandor de la cara se convierte en un estorbo para la palabra. Lo que hace Moisés, colocándose velo por la cara, quitó lo que estorbo para la palabra.
El brillo es hermoso, imponente, majestuoso. La palabra puede parecer más humilde, más austera, más cercana al desierto. Moisés quiere la palabra, prefiere la palabra, y cancela el brillo.
"Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con Él, se quitaba el velo" Exodo 34,34. Es decir, que ese velo hizo de Moisés del rostro de Moisés, como una pequeña tienda de campaña. "Mishkán" es la palabra hebrea para referirse a esa tienda del encuentro, que servÃa para la oración mientras iban en el desierto, una especie de oratorio portátil o de templo portátil, Mishkán.
Cuando él está en el templo, en ese templo móvil, en ese Mishkán, en esa tienda del encuentro, entonces ya puede quitarse el velo, en realidad, toda esa tienda del encuentro es como su velo, ese velo es como toda esa tienda del encuentro.
Como Moisés, también una pequeña tienda del encuentro. Hay que tener algún modo de prolongar estos momentos deliciosos de meditación de la Palabra, y de "gustar, y de ver cuán suave es el Señor" Salmo 33,9.
Moisés reservó sus ojos para Dios, reservó su mirada para Dios, reservó su rostro para Dios, y prolongó la experiencia de Dios en la oración y en el encuentro, a través de toda su vida cotidiana. ¡Qué hombre tan grande!
¡Bendita y bienaventurada la humildad de Moisés! ¡Bendito ese velo, imagen de la verdadera humildad! Moisés ocultó lo que pudiera ser lo importante a él, y dejó libre la Palabra que hacÃa importante a Dios.
Ese velo que interrumpÃa la vista, pero dejaba expedita la lengua, era para que se supiera que sólo Dios debe ser glorificado, y para que se entendiera que todo lo que Dios hace en nosotros, mientras vamos en este camino, de algún modo debe quedar oculto.
Sólo en la tienda del encuentro definitivo, se podrá quitar ese velo, cuando ya la gloria sea toda de Dios, y toda para Dios.
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